Después de Montessori (o de Freinet)

La angustia ante el futuro

A menudo leemos y oímos las mismas preguntas angustiadas de los padres a propósito del método Montessori: «Sí, es muy bonito, no hay competencia, pero… resulta que después en la vida sí la hay… ¿Estarán preparados?». «¿Y qué pasa luego, cuando salen de una escuela Montessori?».

Por un lado, sería una lástima privar a los niños y a las niñas de esta pedagogía con el pretexto de que no durará toda su escolaridad. Por otro lado, afortunadamente, las cosas tampoco son como los padres temen.

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Una ligera incoherencia

Me gustaría revelar un aspecto paradójico. Si realmente el mundo escolar y profesional fuera un universo implacable para sobrevivir al cual fuese necesario «armarse», ¿lo más inteligente sería meter en él de golpe a los niños y a las niñas desde la edad de 2 años en lugar de dejarles adquirir antes autonomía, confianza en sí mismos, serenidad en el diálogo, capacidad de argumentación y de escucha?

Personalmente, no tengo la sensación de que el mundo en el que vivimos, pese a todos sus defectos, sea tan espantoso. Pero, tal vez eso se deba a que he pasado toda la primaria en una escuela Freinet.

Los hechos demuestran lo contrario

Por desgracia, los colegios de secundaria y bachillerato Freinet o Montessori aún son una rareza en nuestros países. Hay un momento en el que los niños y las niñas Montessori o Freinet tienen que integrarse en el sistema tradicional. Mentiría si dijera que no se produce un choque: de repente, la obligación de permanecer sentada durante horas, interrumpir lo que estás haciendo cada 55 minutos para pasar a otra cosa. De repente, las notas, los castigos, las recompensas. De repente, una miríada de profesores distintos que apenas te da tiempo a conocer. De repente, una sola franja de edad en la clase… Y, sobre todo, la sensación de ser un sujeto pasivo.

Pero enseguida, la increíble capacidad de adaptación, el hecho de ir considerablemente más adelantada en todas las áreas, la gran autonomía y el hecho de saber organizar el propio trabajo hacen que los niños y las niñas que han ido a este tipo de colegios salgan airosos y lo hagan bien, incluso mejor que bien. De modo que, ¡nada de angustia!

Sylvia Dorance
CEO de Escuela Viva

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