Niño pasivo, niño actor, niño autor (o niña)

El niño pasivoteacher-158711_1280

Sin duda constituye la mayoría en la enseñanza tradicional. Simplemente porque aceptamos y a menudo porque queremos que lo sea así. ¿Es tímido y participa poco? En un aula de treinta niños y niñas que reciben clases magistrales, se queda olvidado rápidamente en un rincón. ¿Es muy «sabio»? Escucha lo que dicen, registra lo que puede, aprende de memoria el resto en casa y lo regurgita al día siguiente en un examen en el que nos fijaremos especialmente en el resultado y muy poco, o casi nada, en el razonamiento. Rápidamente se da cuenta de que le interesa no manifestarse demasiado, porque si lo hace, corre el riesgo de cometer errores y de que le castiguen por ello. En cualquier caso, el espacio en el que se espera que debe apelar a su imaginación o su iniciativa es muy pequeño.

El niño actor

La pedagogía activa le da al niño un lugar muy diferente. Lo pone en situaciones en las que es él quien elige, busca, dialoga, colabora con sus compañeros, utiliza a su manera los documentos y herramientas que el enseñante pone a su disposición. Lo responsabiliza al hacerlo participar en la elaboración de su programa de aprendizaje (pedagogía de contrato) y en la evaluación de su trabajo y el de los demás (autoevaluación, evaluación por pares). La pedagogía activa cultiva la confianza en sí mismo al aceptar el error como una etapa necesaria para progresar. Promueve su autonomía al poner a su disposición materiales que puede utilizar sin la ayuda o la censura de un adulto (fichas de autocorrección en Freinet, material que permite el control del error en Montessori…).

El niño autor

shy-2717444_1280Esta es la tercera etapa, que no se encuentra en todas las clases, ni siquiera en todas las clases de la pedagogía activa. Para que el niño (o la niña) autor se manifieste, se requiere una actitud y un espíritu particulares por parte del educador.

Primero, ¿qué entendemos por niño (o niña) autor? Es, por ejemplo,  un auténtico creador en el ámbito artístico: dibuja o esculpe o canta o escribe lo que quiere, cuando quiere. Sigue por vías diferentes de las de sus compañeros porque sigue su propia personalidad y sus propios gustos. Busca mejorar sus creaciones documentándose y cultivándose. Ha aprendido progresivamente a sentirse libre para expresarse a su manera. O es el que hará invenciones técnicas más o menos elaboradas, experiencias originales… y se dedicará, poco a poco, en lo que más le interesa, mientras descubre y así revela su propia vía de excelencia.

Esto solo es posible cuando el enseñante favorece la iniciativa y la independencia desde el comienzo en el espíritu de la clase. Para eso, es necesario que este enseñante sea capaz de cuestionar lo que se le ha aprendido en su formación, generar sus propias ideas, no de seguir un método como si se tratara de una regla inmutable y fija. Es necesario que invente constantemente según el contexto, según los niños con los que trabaja, los medios disponibles, etc. Debe ser capaz de evolucionar, de cambiar de rumbo, de adaptar y de adaptarse. Debe ser él mismo actor y autor de su trabajo.

¿Conocen a enseñantes así? ¡Se reconocen de inmediato! En general, adoran su trabajo, lo hacen sin contar, nunca se aburren y… sus alumnos los adoran.

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