Montessori y la teleeducación

Montessori y la teleeducación parecen conceptos incompatibles. Sin embargo, la pandemia exige continuar con la educación de niños y niñas ideando nuevas fórmulas y nuevas estrategias. “The education must go on”, es decir, la educación debe continuar. En este artículo ofrecemos una serie de recursos prácticos para aquellos progenitores que tienen que enfrentarse al hecho de que sus hijos sigan educándose a través de la conexión a internet con su educador o educadora y su clase (teleeducación), mientras ellos se ocupan de sus propias responsabilidades (teletrabajo).

¿Son incompatibles Montessori y la teleeducación?

Debido a la pandemia, en algunos países todavía no es posible volver a la escuela. En otros países los padres están deseando enviar a sus hijos a la escuela. Por ello las escuelas Montessori están tratando de adaptarse al aprendizaje a distancia, lo mismo que el resto. ¿Pero no es acaso una paradoja para una pedagogía que se basa en el contacto entre los niños y el libre uso del material Montessori?

Montessori permite aprender al ritmo de cada niño
Montessori permite que el niño siga su propio ritmo de aprendizaje

Montessori y la teleeducación son perfectamente compatibles pues el método favorece la autonomía del niño y le permite aprender a su propio ritmo.

Hemos entrevistado a educadoras Montessori de varios países de Europa y América para tratar de sugerir vías de trabajo. A continuación, os ofrecemos un breve resumen de nuestras entrevistas. Las ideas de nuestras interlocutoras muestran que la pedagogía Montessori es un método vivo, capaz de adaptarse a situaciones complejas para el bien de niños y padres.

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Crónica de una escuela de pueblo

Escuela pequeña – gran ventaja

Yo era un niño de ciudad que olía a jabón, en una clase que olía a vaca. Sí, era una escuela de pequeños granjeros en los años 60. Los niños no dormían lejos del establo, a veces ayudaban a ordeñar por la tarde, con la frente apoyada en el costado de las vacas. Se lavaban por la mañana rápidamente las mejillas, rojas y llenas de salud, utilizando el guante como si fuera la lengua de un gato. Éramos raros, los que olíamos a jabón. Pero no duraba mucho. Nuestros juegos se encargaban rápidamente de borrar las diferencias, de eliminar en silencio toda esta mezcla social. Nuestros cabellos felizmente mezclados para realizar los trabajos comunes tomaban prestados el perfume de todo el mundo.

Close Up Of Children's Feet Dangling From Wooden Bridge

<< Y esta convivencia tan simple era contagiosa: franqueaba el muro de la escuela y se extendía a todo el pueblo >>

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Cómo elegir un regalo Montessori

El material Montessori: ¿son juguetes?

A medida que se acerca la Navidad, en todas partes vemos alabar los méritos de algún regalo Montessori.

Una precisión importante: los elementos del material pedagógico Montessori no son «juguetes», en el sentido de que, si el niño los usa sin que le hayan enseñado la manera de usarlos, pasará por alto aprendizajes relacionados con cada material y se cansará enseguida. Para el caso, mejor regalarle un juego de construcción o una muñeca.

Además, el material Montessori es cronológico. Es decir, corresponde a edades aproximadas y, a veces, requiere requisitos previos.

Entonces, ¿debemos renunciar a regalar material Montessori en Navidad? No, claro que no, pero es necesario elegirlo bien.

couleurs¿Cómo elegir el material Montessori?

En primer lugar, aquí encontrará una cronología de utilización del material de Vida práctica y de Vida sensorial para niños y niñas desde 2 hasta 6 años: cronograma-escuela-viva.pdf

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Contar con… las patas

Bianca-filletteEsta es la historia de una niña pequeña, que padecía una enfermedad rara y estaba aprendiendo a contar. En el instituto habían declarado que solo sería capaz de contar hasta 4. De modo que tomaron la decisión de no proponerle aprendizajes básicos, como las matemáticas.

Sus padres estaban profundamente convencidos de que un enfoque menos académico tal vez le ayudara a progresar. Tenían la sensación de que el «sistema» había abandonado a su hija.

¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!

Me propuse la ardua tarea de hacer que disfrutara contando, convencida de que el material Montessori le sería de gran ayuda. A fin y al cabo, dicho material había sido diseñado en un principio para ayudar a niños con lo que se denomina «necesidades educativas especiales». Lo admito: con ella no fue tan sencillo. La niña parecía indiferente a mi material. Se mostraba dispuesta a cooperar, pero nada más. Tocó el material como le expliqué, pero sin ningún impulso real hacia el aprendizaje.

Yo estaba a punto de rendirme. Además, incluso terminé guardando el material Montessori en su lugar. No me faltó imaginación ni apoyo. Lo había intentado todo: hacerle contar lápices de colores, moras, guijarros… Y de repente un día la oí contar: «¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!». La niña tenía en la mano la pata de mi perra y estaba contando las uñas.

Allí donde los profesionales de la infancia habían fracasado, ¡un perro lo había conseguido! Sigue leyendo

Pedagogía Freinet: el método natural para aprender a leer

Éramos una pequeña piña, de pie delante de la pizarra, unos cogidos por los hombros, otros por la cintura, algunos saltaban de un pie al otro emocionados, otros se ponían de puntillas o incluso, los más pequeños, se subían a las sillas, estirándose hacia el texto escrito en líneas muy grandes y bien espaciadas, sobre un gran cartel azul. Todos con la nariz en alto, porque la Educación Nacional ponía las pizarras demasiado altas. La señorita había intentado paliar el inconveniente colgando lo más bajo posible aquello que llamaba nuestra atención ese día.

<Todos con la nariz en alto, porque la Educación Nacional ponía las pizarras demasiado altas>

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Para comprar: Pedagogía Freinet. Por dónde empezar

El texto que había colgado era el de uno de nosotros, escrito libremente para contar un acontecimiento sin duda muy fuerte, ya que la votación de la mañana fue unánime. La abuela de Laurent se había lanzado como un jugador de rugby, con el mandil por delante, para placar a un conejo salvaje que estaba devorando sus zanahorias. Martine había recibido un fósil de amonita que le había enviado su primo (el fósil en cuestión reinaba sobre una mesa desde un rincón del aula, augurando todo tipo de manipulaciones, investigaciones y dibujos). Los bomberos habían acudido a casa de Hervé para llevar a su abuelo al hospital: Hervé oscilaba entre la tristeza que sentía por el abuelo y la alegría que despertaba en él el camión rojo. La fuente del pueblo rajaba más fuerte que de costumbre y Sylvie soñaba con una navegación desenfrenada. ¡Los textos libres! Una mina. La elegida del día era la abuela «jugadora de rugby».

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¿Ha dicho proyecto pedagógico?

Una amiga docente me contaba hace poco que se había separado del padre de sus hijas. En sus propias palabras: no tenían el mismo «proyecto pedagógico». Al principio, encontré la expresión del todo inapropiada. Incluso pensé que se trataba de una deformación profesional. Y luego, al poco tiempo, dicha expresión empezó a resonar en mi vida privada y profesional.

Hemos apostado por el mismo «proyecto pedagógico»!

Mi compañero y yo hemos compartido la motivación «conjunta» de criar a nuestros hijos en contacto con la naturaleza. ¡Al final, sin darnos cuenta, hemos apostado por el mismo «proyecto pedagógico»!

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Entonces recordé a otra madre criando sola a sus dos hijos pequeños. Los niños, que se llevan muy pocos años, iban a una escuela muy tradicional.

Una tarde después de la escuela, a ella le sorprendió el comportamiento de su hijo mayor, que luchaba por levantar una barrera en la mesa para impedir que su hermano de 5 años le «copiara», como en la escuela. Ella, que estaba decidida a conservar la complicidad natural entre sus hijos, se encontró en una situación incómoda.

No dudaba de la competencia de los profesores ni del éxito académico de sus hijos, pero se interrogaba sobre los valores que aprendían en clase.

Favorece la cooperación entre los niños.

Al año siguiente, y a pesar de los sacrificios económicos que tuvo que hacer, tomó la decisión de apuntarlos a una escuela privada Montessori, que favorece la cooperación entre los niños.

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Los chavales se encontraron juntos en una clase de edades diversas que desarrollaba la ayuda mutua y el trabajo en equipo. En la escuela, como en casa, volvieron a ser hermanos.

Más tarde, podrán seguir una escolaridad coherente en el seno de una escuela pública inspirada en la pedagogía Freinet.

La relación entre padres y enseñantes es un pilar de la escolarización de los niños.

Elijamos una escuela pública o una privada, sin duda todos tendremos que tener muy claro el proyecto educativo de cada uno y la coherencia de los valores que se transmitirán a nuestros hijos.

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Vanessa Toinet, directora de una escuela de pedagogía activa. Autora de Montessori Paso a paso. Escuela Viva

Si quieres ver más sobre los libros Paso a Paso y comprarlos: método Montessori

Escuela pública, escuelas privadas, homeschooling y… Escuela Viva

La defensa de la escuela pública
La escuela pública, cuando está bien concebida y realmente respaldada por el Estado, es, en nuestra opinión, la mejor modalidad de enseñanza. Basta ver sus resultados en los países donde:

  • las escuelas son pequeñas y poco alejadas de los hogares de los niños o las niñas (lo que evita la fatiga y reduce las posibilidades de violencia, de extorsión, de acoso y facilita el contacto fructífero entre padres y enseñantes),
  • el número de alumnos por clase es razonable (lo que permite a los enseñantes ocuparse de todos),
  • sus instalaciones son agradables y funcionales,
  • los enseñantes han recibido una formación de calidad, en particular en pedagogía y, sobre todo, en pedagogía activa, y
  • los enseñantes son valorados por el Estado, por los medios de comunicación, por la población y están bien remunerados.

La escuela pública es democrática porque es gratuita y, si es como acabamos de describir, permite difuminar un poco las desigualdades sociales para ofrecer a todos los niños y las niñas las mismas posibilidades de éxito.ecole-publique-finlandaise

La tentación de la educación privada y de la educación en el ámbito familiar
Sin embargo, desde hace algunas décadas, sin decirlo, por supuesto, e independientemente de su afiliación política, los sucesivos gobiernos se están desvinculando de la educación, reduciendo los fondos y la formación, tanto cuantitativa como cualitativamente, cerrando escuelas, invirtiendo menos en las obras de modernización, dejando que las situaciones empeoren. La profesión de enseñante de la pública se vuelve cada vez más difícil y penosa. El resultado es una escuela pública menos eficiente, que deja de lado a demasiados niños y, a veces, incluso resulta peligrosa para algunos. En este contexto, es bastante lógico que los padres sean reacios a que sus hijos entren en ella. Los que tienen medios van a escuelas privadas. Los que no pueden permitírselas piensan en la educación en hogar o en el ámbito familiar como solución. Pero la primera solución solo está reservada a un pequeño segmento de la población; y la segunda requiere que, en general, las madres dejen un trabajo y una vida fuera de la familia para consagrarse únicamente a sus hijos o hijas.

La posición de la Escuela Viva
¿Y qué preferimos nosotros? Nosotros preferimos… ¡la felicidad de los niños! Para su desarrollo armonioso, tanto en el plano físico, como en el intelectual, psicológico y social. Por eso nuestros libros defienden y apoyan la pedagogía activa, se practique en la pública, la privada, la escuela o el hogar. Nuestros libros están destinados a todos aquellos –padres, docentes, educadores, psicólogos, logopedas– que invierten en una educación cuyo único propósito es el desarrollo de los niños y las niñas. Porque niños y niñas son el futuro y al ayudarlos a convertirse en personas responsables, equilibradas, generosas, comprometidas, abiertas, curiosas y activas estamos preparando una sociedad mejor para el futuro.

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Más informaciones sobre la escuela en casa.

Los 2-6 años de Montessori equivalen a los programas de tres cuartas partes de primaria

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Los niños y las niñas «adelantados»
La pedagogía Montessori se basa en un material sensorial tan eficaz con los niños y las niñas que en general aprenden antes y de manera más duradera que los niños y las niñas del sistema tradicional. Por ejemplo, aprenden a escribir y leer hacia los 3 o 4 años, descubren la gramática alrededor de los 5 años, empiezan a trabajar en fracciones alrededor de los 6 años, y así muchas otras cosas.
Este trabajo «adelantado» no es en absoluto el objetivo de la pedagogía Montessori. No se fuerza absolutamente nada y se respeta el ritmo de los niños y las niñas. Sino que se aprovecha lo que Maria Montessori llama «los períodos sensibles» del niño, que van desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente, y durante los cuales todas las adquisiciones son más fáciles y naturales para ellos.

Adelantados con respecto a los programas oficiales
lenguaje letrasEn consecuencia, los niños y las niñas entre 2 y los 6 años que han seguido una educación montessoriana desde el principio han asimilado sólidamente el programa de preescolar y casi tres cuartas partes de la primaria. Y los contenidos educativos previstos para este período que va desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente son los que habitualmente tratan en primaria los niños de entre 3 y 9 años.

Los libros de la colección Montessori Paso a paso, 2-6 años, de Escuela Viva
Esta es la razón por la cual los enseñantes de primaria utilizan los libros Paso a paso de Escuela Viva dedicados a niños de 2 a 6 años, para complementar o reemplazar gradualmente el sistema tradicional.

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Para más detalles, he aquí el resumen:
– 2-6 años Vida práctica – Vida sensorial (que permite preparar de manera concreta y sensorial la comprensión de conceptos abstractos y la adquisición de la escritura, la lectura y rigurosos métodos de trabajo.
– 2-6 años Lenguaje (que permite la adquisición de escritura, de la lectura, las nociones básicas de la gramática, etc.)
– 3 a 6 años Cálculo (que permite el descubrimiento de las cifras, los números y del sistema decimal, el dominio de las cuatro operaciones, el descubrimiento de fracciones).

Niño pasivo, niño actor, niño autor (o niña)

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Sin duda constituye la mayoría en la enseñanza tradicional. Simplemente porque aceptamos y a menudo porque queremos que lo sea así. ¿Es tímido y participa poco? En un aula de treinta niños y niñas que reciben clases magistrales, se queda olvidado rápidamente en un rincón. ¿Es muy «sabio»? Escucha lo que dicen, registra lo que puede, aprende de memoria el resto en casa y lo regurgita al día siguiente en un examen en el que nos fijaremos especialmente en el resultado y muy poco, o casi nada, en el razonamiento. Rápidamente se da cuenta de que le interesa no manifestarse demasiado, porque si lo hace, corre el riesgo de cometer errores y de que le castiguen por ello. En cualquier caso, el espacio en el que se espera que debe apelar a su imaginación o su iniciativa es muy pequeño.

El niño actor

La pedagogía activa le da al niño un lugar muy diferente. Lo pone en situaciones en las que es él quien elige, busca, dialoga, colabora con sus compañeros, utiliza a su manera los documentos y herramientas que el enseñante pone a su disposición. Lo responsabiliza al hacerlo participar en la elaboración de su programa de aprendizaje (pedagogía de contrato) y en la evaluación de su trabajo y el de los demás (autoevaluación, evaluación por pares). La pedagogía activa cultiva la confianza en sí mismo al aceptar el error como una etapa necesaria para progresar. Promueve su autonomía al poner a su disposición materiales que puede utilizar sin la ayuda o la censura de un adulto (fichas de autocorrección en Freinet, material que permite el control del error en Montessori…).

El niño autor

shy-2717444_1280Esta es la tercera etapa, que no se encuentra en todas las clases, ni siquiera en todas las clases de la pedagogía activa. Para que el niño (o la niña) autor se manifieste, se requiere una actitud y un espíritu particulares por parte del educador.

Primero, ¿qué entendemos por niño (o niña) autor? Es, por ejemplo,  un auténtico creador en el ámbito artístico: dibuja o esculpe o canta o escribe lo que quiere, cuando quiere. Sigue por vías diferentes de las de sus compañeros porque sigue su propia personalidad y sus propios gustos. Busca mejorar sus creaciones documentándose y cultivándose. Ha aprendido progresivamente a sentirse libre para expresarse a su manera. O es el que hará invenciones técnicas más o menos elaboradas, experiencias originales… y se dedicará, poco a poco, en lo que más le interesa, mientras descubre y así revela su propia vía de excelencia.

Esto solo es posible cuando el enseñante favorece la iniciativa y la independencia desde el comienzo en el espíritu de la clase. Para eso, es necesario que este enseñante sea capaz de cuestionar lo que se le ha aprendido en su formación, generar sus propias ideas, no de seguir un método como si se tratara de una regla inmutable y fija. Es necesario que invente constantemente según el contexto, según los niños con los que trabaja, los medios disponibles, etc. Debe ser capaz de evolucionar, de cambiar de rumbo, de adaptar y de adaptarse. Debe ser él mismo actor y autor de su trabajo.

¿Conocen a enseñantes así? ¡Se reconocen de inmediato! En general, adoran su trabajo, lo hacen sin contar, nunca se aburren y… sus alumnos los adoran.

Más sobre la pedagogía activa.

Educación: los padres y la escuela

Confiar los hijos a los enseñantes

Estamos tan acostumbrados al inicio de la escuela como complemento de la familia en la educación de niños y niñas, que la cuestión no se plantea con frecuencia: a los dos años y medio, o a los tres años, casi todos los niños entran en la escuela infantil más próxima a su casa. Si todo va bien, luego pasan a la escuela primaria.

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Si nos paramos a pensar, confiar nuestros seres más queridos sin tener realmente la opción de elegir a la persona a quien se los confiamos… ¡glups! ¡da un poco de cosa! No se trata simplemente de que guarden a nuestros hijos e hijas. Se trata de aceptar que una persona a la que conocemos muy poco y de la que ignoramos sus ideas sobre la educación y sobre la vida, y sobre toda clase de valores que para nosotros son fundamentales, esté en contacto permanente, 6 horas al día con el niño o la niña. No solo enseña conocimientos, sino también comportamientos sociales; participa en el desarrollo de la personalidad del niño de una manera que tal vez no es la que consideramos buena para él. Y al mismo tiempo, aunque no estemos de acuerdo con lo que se hace en clase, queremos evitar que el niño se encuentre en medio de un conflicto aún más turbador para su equilibrio que el hecho de oír dos tañidos de campana distintos, uno en casa y otro en el colegio.

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El consenso en torno a la sumisión

Antiguamente, el enseñante tenía un estatus particularmente respectado que evitaba los conflictos entre él y la familia y. De los enseñantes solo se esperaba que enseñaran a niños y niñas cierto bagaje de conocimientos y conductas de sumisión al orden establecido. El niño recibía bofetadas físicas y psicológicas tanto en casa como en el cole, por motivos sobre los que reinaba un perfecto consenso (falta de respeto hacia los adultos, indisciplina, fracaso escolar). Niños y niñas salían al cabo de un número de años más o menos grande, un poco «perjudicados», bastante inhibidos y maduros para una vida profesional, también basada con frecuencia en la sumisión.

La duda, el conflicto, la incoherencia

¿Es mejor hoy? La verdad, no mucho. Por un lado, el consenso con respecto a la sumisión existe aún entre muchas escuelas y muchos padres. Por otro, cuando no hay consenso, suele ser muy difícil saber quién se equivoca y quién tiene razón y cómo salir del conflicto. En nuestros días, aunque existen enseñantes formidables, también hay muchos que no ha recibido una auténtica formación pedagógica. Esto no quiere decir automáticamente que no hagan bien su tarea, pero quizás impide que confiemos en ellos ciegamente. Por su parte, los padres no están informados de lo que la escuela debería realmente aportar a sus hijos: ¿Únicamente conocimientos?, ¿de qué tipo?, ¿también conductas y valores? ¿El desarrollo de su autonomía?, ¿o por el contrario deberían ser formateados en aras de una inserción no traumática en la sociedad? Todo el mundo anda perdido. Todo el mundo alberga dudas. El enfrentamiento de madres, padres y enseñantes se cierne sobre las cabezas de los niños.

Para una colaboración feliz entre la escuela y la familia

Sin embargo, los ejemplos de ciertos países (sí, adivinen: ¡Finlandia!, cómo no, pero también Singapur u otros) y de ciertas escuelas (Freinet, Montessori, Decroly, Steiner…) demuestran que es posible hallar una solución inteligente y ecuánime. Tener pequeñas escuelas de barrio en lugar de enormes escuelas que no permiten un buen diálogo con el exterior. Formar a los enseñantes hasta el punto de convertirlos en verdaderos expertos en educación (pedagogía, psicología, conocimientos). Reconocer y valorizar esta profesionalidad. Informar a madres y padres de la necesidad de que confíen en ellos; cada uno su oficio. Enseñarles que la educación en la escuela no es solo «escolar». Permitirles participar en lo que se hace en clase y colaborar con la escuela.

En fin, insistir, en un clima sereno, en la complementariedad escuela/familia para el desarrollo armonioso y completo de niños y niñas: confianza en ellos, autonomía, rigor, organización de su trabajo, equilibrio personal, respeto a los demás, sentido cívico, autodisciplina, afirmación y argumentación de sus ideas, y un sinfín de elementos más.