Montessori y la disciplina positiva 2

Nada de premios

Montessori y la disciplina positiva comparten una creencia fundamental: los premios no son adecuados en la educación de niños y niñas. Educar en positivo no significa hacer uso de las recompensas para modelar la actitud del niño o impregnar su mente absorbente. Pocas habilidades sociales genuinas se aprenden del uso del elogio y la recompensa. En el desarrollo del niño, los premios no fomentan su autonomía personal, auténtico recurso para desenvolverse en la sociedad que le aguarda.

Montessori y la disciplina positiva
Las recompensas no contribuyen al desarrollo armónico del niño

¿Por qué no hay recompensas en el método educativo Montessori?

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importancia del ambiente preparado en el desarrollo del niño. Asimismo, en el artículo anterior abordamos el tema de los castigos desde la perspectiva Montessori y la disciplina positiva.

Del mismo modo que no hay castigos en la pedagogía Montessori, tampoco se recurre a las recompensas. ¿Os resulta paradójico en un modelo como la educación Montessori? Un método educativo que se caracteriza por el respeto al niño y la confianza en sus capacidades.

Las recompensas impiden el juicio personal

Los pedagogos Montessori creen que dar recompensas crea una relación de dependencia del niño con respecto del adulto. En el extremo, el niño solo actúa para recibir una recompensa. Esto empaña por completo el hecho de sentirse orgulloso de sus acciones: actúa para adultos y para conseguir un premio, como un animal bien entrenado.

Para Maria Montessori, las recompensas son «esclavitud a la mente». La recompensa debe ser interna. Lo que busca Maria Montessori es fomentar la autonomía del niño.

Montessori y la disciplina positiva tratan de fomentar la motivación interna
Montessori y la disciplina positiva tratan de fomentar la motivación interna

Montessori y la disciplina positiva: las notas

En la pedagogía Montessori tampoco hay notas. De entrada, porque crean el mismo tipo de dependencia estéril, pero sobre todo porque se convierten en un castigo injusto y permanente cuando son malas. A veces, el niño puede haber hecho un gran esfuerzo sin lograr un buen resultado. Y, por último, las calificaciones son, para los niños que siempre obtienen buenas calificaciones, una recompensa banal que pierde todo interés.

Montessori y la disciplina positiva automotivación
La automotivación es lo que pretenden conseguir Montessori y la disciplina positiva

El método Montessori elude el problema de las calificaciones con el material Montessori, que permite la autocorrección (o «control del error«). El niño tiene el modo de verificar sus errores y sus logros por sí mismo, de una manera fiable y sin la necesidad del juicio ulterior, intimidatorio e inhibidor de un adulto, aunque este albergue las mejores intenciones.

Montessori y la disciplina positiva: la motivación interna

La disciplina positiva es un concepto desarrollado a principios de la década de 2000 por Jane Nelsen. Hace referencia al trabajo del psicoterapeuta austríaco, Alfred Adler, que puso de relieve las necesidades humanas esenciales: los sentimientos de pertenencia e importancia. Si se satisfacen estas dos necesidades, el individuo puede participar plena y felizmente en la vida social. Encontramos las mismas ideas en Montessori, en lo que Maria Montessori llama «la normalización» del niño: este equilibrio que proviene de la confianza, la autoestima, la autonomía y la motivación interna.

Para Montessori y la disciplina positiva la motivación debe ser interna y los premios y las recompensas en educación son una motivación externa. La auténtica disciplina positiva crea en el niño un lugar de control interno.

En consecuencia, lo que impulsa al niño a portarse bien, no es la idea de obtener un premio y evitar un castigo. El niño se porta bien y hace lo que debe incluso cuando nadie le ve, porque es una personita plenamente capaz y competente. Al fomentar la motivación interna, se desarrollan en él hábitos de autonomía.

Montessori y la disciplina positiva: nada de premios
No dar un premio no significa eliminar cualquier demostración de agrado ante los esfuerzos del niño por progresar

Lo que reemplaza las recompensas en la pedagogía Montessori

No dar un premio no significa eliminar cualquier muestra de placer ante las acciones o realizaciones positivas del niño o ante sus esfuerzos por progresar. Esta demostración proviene del grupo de niños o del educador Montessori.

Por un lado, esta demostración no debe ser exagerada o desproporcionada para no infantilizar al destinatario. Por otro lado, no debe darse cuando el niño ha hecho lo que el adulto quería, sino cuando ha progresado en relación a sí mismo. De ahí nacerá el placer autónomo de la autorrealización. Esta es la verdadera recompensa.

Como vemos, lo que el método Montessori pretende desarrollar es la automotivación. Así, el niño adquiere toda la independencia que lo hará verdaderamente autónomo en su vida en sociedad.

Crónica de una escuela de pueblo

Escuela pequeña – gran ventaja

Yo era un niño de ciudad que olía a jabón, en una clase que olía a vaca. Sí, era una escuela de pequeños granjeros en los años 60. Los niños no dormían lejos del establo, a veces ayudaban a ordeñar por la tarde, con la frente apoyada en el costado de las vacas. Se lavaban por la mañana rápidamente las mejillas, rojas y llenas de salud, utilizando el guante como si fuera la lengua de un gato. Éramos raros, los que olíamos a jabón. Pero no duraba mucho. Nuestros juegos se encargaban rápidamente de borrar las diferencias, de eliminar en silencio toda esta mezcla social. Nuestros cabellos felizmente mezclados para realizar los trabajos comunes tomaban prestados el perfume de todo el mundo.

Close Up Of Children's Feet Dangling From Wooden Bridge

<< Y esta convivencia tan simple era contagiosa: franqueaba el muro de la escuela y se extendía a todo el pueblo >>

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Crónica de una escuela de pueblo. Temporada 1 – Episodio 4

La naturaleza

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La naturaleza entraba en clase y la encontrábamos constantemente en nuestros textos. ¡Los textos libres de los niños de las ciudades deben ser tan diferentes! Sin duda también serán ricos, pero probablemente no estén tan llenos de olores, colores, humedad, calor, ramitas crepitantes, estallidos de vainas secas, etc. Es decir, de todo aquello que percibimos con la piel, por las fosas nasales, los ojos abiertos y los oídos alerta. He encontrado esta naturaleza en prácticamente todos los textos del periódico que publicamos: “Ha nevado. Los abetos parecen pescados pasados por harina”. “Las orugas cubrieron el tronco de la acacia y parecía que tuviese un suéter gris. Quería tocarlas porque parecían de terciopelo, pero papá me dijo que eran venenosas”. “Las hormigas son como pequeñas gotas de agua con patas”. “No quiero tocar ranas. Su piel parece fría”. Como veníamos todos andando a la escuela, cruzando prados y atravesando setos y arroyos, a menudo descubríamos recursos para llevar a clase: un tejón o un búho heridos, un gatito ciego descuidado por su madre por alguna razón desconocida.

<< Sin embargo, no era una naturaleza ni idílica ni edulcorada >>

Me acuerdo de una serpiente muerta, abierta sobre una mesa en el patio, para que pudiésemos descubrir aquellas pequeñas serpientes que no habían tenido tiempo suficiente de nacer. De este modo, era inútil trabajar la teoría de los vivíparos y ovíparos, porque la idea ya estaba fijada para siempre en el alumnado, con el olor a hierro oxidado de la serpiente muerta. Sigue leyendo

Las diferencias

<< Crónica de una escuela de pueblo >>

Yo era un poco, no como el patito feo, pero sí como un polluelo raro de la escuela. Rubia, un poco espagueti y salida de una familia de burgueses parisinos trasladada al campo, en medio de todos los pequeños campestres bajos, fornidos y morenos del suroeste. Yo tenía, además, acento del norte, típico de los parisinos. Sin embargo, aunque instintivamente adquiría cierto acento del sur con mis compañeros, sin duda alguna para intentar hacer como todo el mundo, nunca he sufrido la más mínima burla y nunca me han hecho sentir diferente.

Había más diversidad en clase. No obstante, me es imposible saber cómo cada niño diferente vivía esta situación, pero sí sé cómo lo vivimos nosotros. Nosotros, los otros, el grupo.

<< Jacques desaparecía a veces >>

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Tan pronto estaba con nosotros alrededor de la pequeña mesa, como ya no estaba. Como un diente caído en una boca de 6 años: de repente aparecía un agujero. Pero no nos sorprendía. Sabíamos muy bien lo que pasaba y lo que debíamos hacer. Mientras uno iba a coger el “cojín de Jacques”, otro le levantaba la cabeza y un tercero avisaba a la Señorita si en ese momento ella se estaba ocupando de otro grupo. Apartábamos las sillas, los bancos, la mesa, para que no chocara con ellos durante sus convulsiones. Lo girábamos suavemente sobre el costado. Le sosteníamos la mano. Esperábamos a que se despertara de su crisis epiléptica y lo rodeábamos para consolarlo, porque cada vez que le pasaba, mientras se limpiaba la espuma de la boca, comenzaba a llorar. Sigue leyendo

Cómo elegir un regalo Montessori

El material Montessori: ¿son juguetes?

A medida que se acerca la Navidad, en todas partes vemos alabar los méritos de algún regalo Montessori.

Una precisión importante: los elementos del material pedagógico Montessori no son «juguetes», en el sentido de que, si el niño los usa sin que le hayan enseñado la manera de usarlos, pasará por alto aprendizajes relacionados con cada material y se cansará enseguida. Para el caso, mejor regalarle un juego de construcción o una muñeca.

Además, el material Montessori es cronológico. Es decir, corresponde a edades aproximadas y, a veces, requiere requisitos previos.

Entonces, ¿debemos renunciar a regalar material Montessori en Navidad? No, claro que no, pero es necesario elegirlo bien.

couleurs¿Cómo elegir el material Montessori?

En primer lugar, aquí encontrará una cronología de utilización del material de Vida práctica y de Vida sensorial para niños y niñas desde 2 hasta 6 años: cronograma-escuela-viva.pdf

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Contar con… las patas

Bianca-filletteEsta es la historia de una niña pequeña, que padecía una enfermedad rara y estaba aprendiendo a contar. En el instituto habían declarado que solo sería capaz de contar hasta 4. De modo que tomaron la decisión de no proponerle aprendizajes básicos, como las matemáticas.

Sus padres estaban profundamente convencidos de que un enfoque menos académico tal vez le ayudara a progresar. Tenían la sensación de que el «sistema» había abandonado a su hija.

¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!

Me propuse la ardua tarea de hacer que disfrutara contando, convencida de que el material Montessori le sería de gran ayuda. A fin y al cabo, dicho material había sido diseñado en un principio para ayudar a niños con lo que se denomina «necesidades educativas especiales». Lo admito: con ella no fue tan sencillo. La niña parecía indiferente a mi material. Se mostraba dispuesta a cooperar, pero nada más. Tocó el material como le expliqué, pero sin ningún impulso real hacia el aprendizaje.

Yo estaba a punto de rendirme. Además, incluso terminé guardando el material Montessori en su lugar. No me faltó imaginación ni apoyo. Lo había intentado todo: hacerle contar lápices de colores, moras, guijarros… Y de repente un día la oí contar: «¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!». La niña tenía en la mano la pata de mi perra y estaba contando las uñas.

Allí donde los profesionales de la infancia habían fracasado, ¡un perro lo había conseguido! Sigue leyendo

Educar a niños curiosos

La mayoría de la gente, sobre todo los padres y las madres, dicen que aprecian la curiosidad de los niños. Todos los padres querrían que sus hijos fueran curiosos, creativos e imaginativos.

¿Siguen siendo pertinentes estas cualidades si tomamos en cuenta el comportamiento que los padres esperan de sus hijos?

He aquí cinco cualidades que poseen casi todos los niños curiosos:

  • curiosidad
  • imaginación
  • inventiva
  • ganas de explorar
  • intrepidez

Todos los niños pequeños tienen estas cualidades. Sin embargo, poco a poco a medida que crecen, la mayoría pierde inventiva se vuelve más miedoso. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

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Los niños investigadores – A los niños curiosos les encanta plantear preguntas, montones y montones de preguntas.

Todos los padres lo saben. Antes de que mis hijos empezaran a hacer preguntas, recuerdo haber pensado lo divertido que sería que lo hicieran. En aquella época, me imaginaba nuestras conversaciones profundas y el aprendizaje que se derivaría de ellas.

Pues bien, no siempre es tal como yo lo había imaginado. Es cierto que muchas, muchísimas, veces me ha encantado responder a sus preguntas. Sus preguntas nos han llevado a hablar de tantos temas diferentes, ¡inimaginables en edades tan tempranas! Pero, por otra parte, yo no estaba preparada para tantas preguntas –una tras otra, y tras otra–. ¡Es francamente agotador!

No obstante, es imposible reprimir estas preguntas sin reprimir también su curiosidad. Tal vez en algunos momentos tengo que decir a mis hijos que necesito una pequeña pausa, pero siempre intento volver atrás enseguida y preguntarles si tienen otras preguntas, otros temas de los que necesiten hablar. Cuanto más libres se sienten niños para hacer preguntas cuando son pequeños (sin temor a que alguien le pida que se callen o se burle de ellos), más libres se sentirán para hacer preguntas difíciles o para pedir consejos cuando sean mayores.

Tome en serio las preguntas de sus hijos. Le piden a usted una respuesta. A menudo veo a personas que intentan transformar las preguntas en otras preguntas para que las respondan los niños o convertirlas en «momentos educativos», en una especie de lección sobre el tema. Si usted le hace una pregunta a alguien, ¿cómo le gustaría que le respondieran? Eso es lo que trato de tener en mente cuando mis hijos me hacen preguntas.

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Los niños imaginativos – Los niños curiosos suelen tener una imaginación profunda y fértil.

Este tipo de niños se plantean preguntas a sí mismos y piensan en todas las formas posibles de responder a dichas preguntas. A menudo, los niños se portan mal porque quieren poner a prueba una idea que se les ha ocurrido. Preguntas del tipo: ¿cómo será?, o qué pasará si hago esto, son muy importantes para los niños pequeños.

Las escuelas dicen valorar la imaginación, pero la auténtica imaginación no se puede limitar a escribir o al hecho de contar de una historia inteligente, a simular jugar durante el recreo o incluso a imaginar formas de resolver los problemas de matemáticas o de ciencias (si es que se anima a esto).

¿Qué hacer si un niño se imagina cómo sería volar por el aire? ¿Se le permitiría a soñar con lo que podría suceder? ¿Le estaría permitido dibujar máquinas voladoras durante horas… a la manera de Leonardo da Vinci o soñar con un futuro en el que los seres humanos pudieran volar o teletransportarse a sí mismos? Es probable que no sea capaz de entender cómo vuela esa máquina o cómo funciona el haz para teletransportarse a otro mundo, pero explorará nuevos temas y aprenderá todo tipo de cosas divertidas. Y, lo que es más importante, sabrá que su imaginación es muy apreciada y no se limita solo a los temas «apropiados».

Los niños inventivos – Los niños curiosos quieren hacer de su imaginación una realidad concreta.

Creo que la mayoría de los niños son pequeños inventores. Si les dejan, inventan su propia forma de aprender a caminar y a hablar, de levantarse de la cama (si duermen en una cama), de leer, de resolver cálculos y aún mucho más cuando se van haciendo mayores.

Cuando nosotros, los adultos, intervenimos e imponemos la solución «correcta», esta inventiva natural va desapareciendo. Algunos niños conservan esta cualidad cuando son adultos, por lo general se convierten en inventores profesionales, ingenieros, científicos, etc. Sin embargo, habría muchas más personas inventivas y creativas en su vida cotidiana si no las hubieran convencido de que solo los «expertos» o aquellos que tienen diplomas o certificados tienen las soluciones correctas.

 

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Los niños experimentadores – A los niños curiosos les gusta «enredar».

Conozco a mucha gente que piensa que el desorden y la curiosidad no deberían ir de la mano. No puedo estar más en desacuerdo. Para saber cómo funcionan las cosas, es necesario experimentar y afrontar los eventuales «daños colaterales». Los niños pequeños tienen una particular necesidad de experimentar.

Créanme, no siempre es fácil recordarlo. Como madre, esto suele significar mucho más trabajo de negociación. Y a veces puede ser increíblemente frustrante. Pero, nos guste o no, la imaginación y los «daños colaterales» van a la par. Mi teoría es la siguiente: cuanta más imaginación tiene el niño, mayores serán los estropicios que hará.

A los dos años, mis gemelos se llevaron una pastilla de mantequilla al piso de arriba y embadurnaron toda la habitación: las paredes, las puertas, las alfombras y las ventanas. ¿Creen que en aquel momento me alegré de aquella maravillosa exhibición de imaginación? Pues no; mi primer pensamiento fue pegarles un berrido al ver todo el trabajo que me aguardaba. Pero, me alegro de no haberles gritado sin más y de no haberlos «castigado» por su curiosidad. Además, ¡eran los gemelos!

En lugar de eso, mientras limpiamos juntos el desorden, hablamos sobre la mantequilla, de dónde viene y cómo puede manchar; hablamos de que la gente a veces hace esculturas de mantequilla, y, sí, también hablamos de que no es una buena idea extenderla por las paredes ni por cualquier otra cosa sin antes preguntarle a mamá y papá.

En otra ocasión, tomaron veinticuatro botellas de agua y las vaciaron por el fregadero. Lo vuelvo a repetir: eran pequeños y sentían curiosidad por saber qué pasaría. En estos casos, una tiene que elegir: puede gritar y castigar o anticiparse a su curiosidad y ofrecerles otras formas de demostrar sus teorías que no causen daños ni a bienes ni a personas.

Los niños sin miedo – Los niños curiosos son audaces

Si a usted le da miedo que alguien se burle de sus preguntas, le dará miedo formularlas. Si está limitado en la manera de expresar su imaginación, le dará miedo imaginar algo más grande e imponente. Si le castigan por crear desorden, le dará miedo crear e inventar.

Los niños cuya curiosidad se anima y se fomenta, no tienen miedo a nada. Eso no quiere decir que no tengan los temores y preocupaciones naturales, pero no les da miedo ser fuertes, audaces y expresivos. No les preocupa la inseguridad ni la opinión de los demás.

 

Necesitamos personas más curiosas en este mundo, personas que no se detengan automáticamente ante la última palabra de los demás. Los niños intrépidos y valientes se convierten en líderes, inventores, artistas y adultos comprensivos que resuelven problemas.

 

Según el artículo aparecido en inglés sobre el blog Interest-led learning de Christina Pilington

Fotos de Vanessa Toinet para Escuela Viva y de Niki Boon

Educar a Niños Curiosos 

escuelaviva.wordpress.com

 

Los 2-6 años de Montessori equivalen a los programas de tres cuartas partes de primaria

colores vida sensorial

Los niños y las niñas «adelantados»
La pedagogía Montessori se basa en un material sensorial tan eficaz con los niños y las niñas que en general aprenden antes y de manera más duradera que los niños y las niñas del sistema tradicional. Por ejemplo, aprenden a escribir y leer hacia los 3 o 4 años, descubren la gramática alrededor de los 5 años, empiezan a trabajar en fracciones alrededor de los 6 años, y así muchas otras cosas.
Este trabajo «adelantado» no es en absoluto el objetivo de la pedagogía Montessori. No se fuerza absolutamente nada y se respeta el ritmo de los niños y las niñas. Sino que se aprovecha lo que Maria Montessori llama «los períodos sensibles» del niño, que van desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente, y durante los cuales todas las adquisiciones son más fáciles y naturales para ellos.

Adelantados con respecto a los programas oficiales
lenguaje letrasEn consecuencia, los niños y las niñas entre 2 y los 6 años que han seguido una educación montessoriana desde el principio han asimilado sólidamente el programa de preescolar y casi tres cuartas partes de la primaria. Y los contenidos educativos previstos para este período que va desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente son los que habitualmente tratan en primaria los niños de entre 3 y 9 años.

Los libros de la colección Montessori Paso a paso, 2-6 años, de Escuela Viva
Esta es la razón por la cual los enseñantes de primaria utilizan los libros Paso a paso de Escuela Viva dedicados a niños de 2 a 6 años, para complementar o reemplazar gradualmente el sistema tradicional.

calculo numeros
Para más detalles, he aquí el resumen:
– 2-6 años Vida práctica – Vida sensorial (que permite preparar de manera concreta y sensorial la comprensión de conceptos abstractos y la adquisición de la escritura, la lectura y rigurosos métodos de trabajo.
– 2-6 años Lenguaje (que permite la adquisición de escritura, de la lectura, las nociones básicas de la gramática, etc.)
– 3 a 6 años Cálculo (que permite el descubrimiento de las cifras, los números y del sistema decimal, el dominio de las cuatro operaciones, el descubrimiento de fracciones).

La pedagogía activa es buena para todos los niños y las niñas

Comprender gracias al hándicap

A menudo es en el contexto de la discapacidad o de un medio social desfavorecido donde los grandes inventores de la pedagogía activa han tenido que mover los cimientos de la pedagogía tradicional. Enfrentados a situaciones difíciles, ante niños o niñas que «no encajaban en el molde» por la razón que fuese, se han visto obligados a inventar prácticas que respetan mejor la diferencia de cada uno, vuelven decididamente la espalda a una competición dramática e inútil, escuchan al niño, sus necesidades, sus puntos fuertes, sus debilidades, sus gustos, sus ritmos, su forma original de inteligencia y de comunicación. Y lo que tienen de formidable estas prácticas es que son para todos.

niños y niñas

La pedagogía activa es mucho más que «curativa»

La pedagogía activa coloca al niño (y no a sus conocimientos) en el centro de la enseñanza. No se trata de inculcar a los niños pasivos y a menudo aburridos o incluso desganados, un programa fijo, indiscutible e idéntico para todos. Se trata de estimular a cada uno hasta el máximo de sus posibilidades, dentro de la confianza, el placer del esfuerzo útil, la autoestima, el derecho a equivocarse, las ganas de superarse y de seguir adelante. Para conseguir este objetivo, el niño participa activamente del aprendizaje, se le da la ocasión de experimentar, de crear, de implicarse, en lugar de obligarle a almacenar, tal vez sin comprender, conocimientos y competencias. ¿Por qué todo eso se reserva solo a los niños que fracasan en la enseñanza tradicional?

Una opción de último recurso

A menudo, los padres solo recurren a la pedagogía activa cuando su hijo o hija tiene problemas en la enseñanza clásica. No se «adapta», es infeliz, no «progresa adecuadamente»… Es una pena, y además comporta dos problemas que hay que superar:

  • Pocos niños tienen la ocasión de beneficiarse de las ventajas de la pedagogía activa.
  • La presión de los padres para que la pedagogía activa se convierta en la norma en la educación nacional pública y gratuita es demasiado débil.

Por eso es necesario explicar, informar, describir infatigablemente en qué consiste la pedagogía de Montessori, Freinet o Steiner.

Para saber más: Escuela Viva