Las escuelas Montessori y la pandemia

Las escuelas Montessori y sus estudiantes enfrentan a dificultades particulares en tiempo de pandemia, pero es inherente a esta pedagogía saber cómo adaptarse y recuperarse. Primero intentaremos identificar las dudas que se plantean para luego enumeraremos las posibles soluciones.

Manipulación sensorial, confinamiento y educación a distancia

 Montessori y la pandemia
La enseñanza Montessori no consiste solo en una transmisión de contenidos, sino que es una escuela de vida.

Gran parte del método Montessori se basa en la manipulación, pero si el material Montessori está en la escuela, los niños en casa y el educador frente a su ordenador … ¿cómo se hace? Asimismo, las estrategias pedagógicas, como la lección en tres tiempos, requieren un diálogo entre el educador y el niño. ¿Cómo poner todo esto en marcha a través de internet? La enseñanza Montessori, que no es solo una enseñanza de contenidos, sino también (y quizás, sobre todo) una enseñanza de comportamientos y una escuela de vida, pasa por la interacción entre los niños y el educador o la educadora y entre los niños entre ellos. ¿Cómo conservar estas interacciones en tiempo de confinamiento?

El regreso a la escuela Montessori y la higiene

Los cubos de la torre rosa, el banco de perlas, los ábacos, las tarjetas de nomenclatura… en resumen, todo el material Montessori, hecho de multitud de pequeños objetos y tarjetas de plástico, será manipulado por numerosas manos. ¿Se puede dejar que un niño tome libremente material que otro niño acaba de guardar y respetar a la vez la higiene necesaria para luchar contra la propagación del virus?

En Montessori, los niños a menudo trabajan en parejas o en grupos. Se ayudan mutuamente para llevar una mesa, los mayores ayudan a los pequeños a atarse los cordones, etc. ¿Es posible hacer esto compatible con la protección de la salud de los niños?

Sigue leyendo

Montessori y la disciplina positiva 2

Nada de premios

Montessori y la disciplina positiva comparten una creencia fundamental: los premios no son adecuados en la educación de niños y niñas. Educar en positivo no significa hacer uso de las recompensas para modelar la actitud del niño o impregnar su mente absorbente. Pocas habilidades sociales genuinas se aprenden del uso del elogio y la recompensa. En el desarrollo del niño, los premios no fomentan su autonomía personal, auténtico recurso para desenvolverse en la sociedad que le aguarda.

Montessori y la disciplina positiva
Las recompensas no contribuyen al desarrollo armónico del niño

¿Por qué no hay recompensas en el método educativo Montessori?

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importancia del ambiente preparado en el desarrollo del niño. Asimismo, en el artículo anterior abordamos el tema de los castigos desde la perspectiva Montessori y la disciplina positiva.

Del mismo modo que no hay castigos en la pedagogía Montessori, tampoco se recurre a las recompensas. ¿Os resulta paradójico en un modelo como la educación Montessori? Un método educativo que se caracteriza por el respeto al niño y la confianza en sus capacidades.

Las recompensas impiden el juicio personal

Los pedagogos Montessori creen que dar recompensas crea una relación de dependencia del niño con respecto del adulto. En el extremo, el niño solo actúa para recibir una recompensa. Esto empaña por completo el hecho de sentirse orgulloso de sus acciones: actúa para adultos y para conseguir un premio, como un animal bien entrenado.

Para Maria Montessori, las recompensas son «esclavitud a la mente». La recompensa debe ser interna. Lo que busca Maria Montessori es fomentar la autonomía del niño.

Montessori y la disciplina positiva tratan de fomentar la motivación interna
Montessori y la disciplina positiva tratan de fomentar la motivación interna

Montessori y la disciplina positiva: las notas

En la pedagogía Montessori tampoco hay notas. De entrada, porque crean el mismo tipo de dependencia estéril, pero sobre todo porque se convierten en un castigo injusto y permanente cuando son malas. A veces, el niño puede haber hecho un gran esfuerzo sin lograr un buen resultado. Y, por último, las calificaciones son, para los niños que siempre obtienen buenas calificaciones, una recompensa banal que pierde todo interés.

Montessori y la disciplina positiva automotivación
La automotivación es lo que pretenden conseguir Montessori y la disciplina positiva

El método Montessori elude el problema de las calificaciones con el material Montessori, que permite la autocorrección (o «control del error«). El niño tiene el modo de verificar sus errores y sus logros por sí mismo, de una manera fiable y sin la necesidad del juicio ulterior, intimidatorio e inhibidor de un adulto, aunque este albergue las mejores intenciones.

Montessori y la disciplina positiva: la motivación interna

La disciplina positiva es un concepto desarrollado a principios de la década de 2000 por Jane Nelsen. Hace referencia al trabajo del psicoterapeuta austríaco, Alfred Adler, que puso de relieve las necesidades humanas esenciales: los sentimientos de pertenencia e importancia. Si se satisfacen estas dos necesidades, el individuo puede participar plena y felizmente en la vida social. Encontramos las mismas ideas en Montessori, en lo que Maria Montessori llama «la normalización» del niño: este equilibrio que proviene de la confianza, la autoestima, la autonomía y la motivación interna.

Para Montessori y la disciplina positiva la motivación debe ser interna y los premios y las recompensas en educación son una motivación externa. La auténtica disciplina positiva crea en el niño un lugar de control interno.

En consecuencia, lo que impulsa al niño a portarse bien, no es la idea de obtener un premio y evitar un castigo. El niño se porta bien y hace lo que debe incluso cuando nadie le ve, porque es una personita plenamente capaz y competente. Al fomentar la motivación interna, se desarrollan en él hábitos de autonomía.

Montessori y la disciplina positiva: nada de premios
No dar un premio no significa eliminar cualquier demostración de agrado ante los esfuerzos del niño por progresar

Lo que reemplaza las recompensas en la pedagogía Montessori

No dar un premio no significa eliminar cualquier muestra de placer ante las acciones o realizaciones positivas del niño o ante sus esfuerzos por progresar. Esta demostración proviene del grupo de niños o del educador Montessori.

Por un lado, esta demostración no debe ser exagerada o desproporcionada para no infantilizar al destinatario. Por otro lado, no debe darse cuando el niño ha hecho lo que el adulto quería, sino cuando ha progresado en relación a sí mismo. De ahí nacerá el placer autónomo de la autorrealización. Esta es la verdadera recompensa.

Como vemos, lo que el método Montessori pretende desarrollar es la automotivación. Así, el niño adquiere toda la independencia que lo hará verdaderamente autónomo en su vida en sociedad.

Montessori y la disciplina positiva: nada de castigos

Montessori y la disciplina positiva coinciden en que los castigos no son elementos eficaces en la educación de niños y niñas. Asimismo, comparten el respeto del adulto hacia el niño, un adulto que guía de una manera cariñosa y firme a la vez, sin caer por ello en la permisividad.

¿Por qué no hay castigos en la pedagogía Montessori?

Los castigos no se utilizan en la educación Montessori. El período de confinamiento, que continúa en muchos países, ha obligado a los niños, sigan el método Montessori o no, a quedarse en casa sin poder hacer ejercicio físico, sin poder aislarse. De manera que, en estas circunstancias, no es raro que aparezcan tensiones. El niño crispado no siempre se comporta como los adultos. Por eso, no debemos castigar a un niño que ya está sufriendo, aunque está claro que es más fácil decirlo que hacerlo. Cuál es la alternativa: la disciplina positiva, un modelo respetuoso y alentador.

Los castigos no consiguen el objetivo deseado

Los educadores Montessori lo saben bien: el castigo acarrea frustración, humillación y rabia, aunque sea proporcionado e incluso aunque el niño comprenda por qué lo castigan.

Montessori y la disciplina positiva
Los castigos no consiguen el objetivo que perseguimos, por eso no se aplican en Montessori.
Sigue leyendo

La metodología Montessori y la lectoescritura

La lectoescritura se presenta en el método Montessori como un todo inseparable formado por actividades de escritura y de lectura. Se trata de que el niño domine tanto como sea posible una herramienta esencial: el lenguaje, ya sea hablado, leído o escrito.

Montessori: el niño en el centro de los aprendizajes

Las peculiaridades del método Montessori en materia de aprendizaje de la escritura y la lectura (lectoescritura) no provienen de un solo material o una única actividad. Sobre todo, provienen de la actitud especial del educador, de la concepción del niño y de la manera de trabajar con él. En general, resumimos esto con la fórmula de Maria Montessori: «Ayúdame a hacerlo solo».

una Pedagogía de la autonomía

Los montessorianos consideran al niño como una persona completa cuyos gustos, opiniones y ritmos deben ser respetados. Claro que se pretende darle una gran cantidad de conocimientos útiles para él, pero también cultivar la personalidad de cada niño, mientras lo ayudamos a convertirse en un ser autónomo y equilibrado en la sociedad.

Como resultado, en Montessori, el educador es más un guía que un maestro. Muestra lo que hay que hacer y luego desaparece para dejar que el niño practique solo o con sus compañeros para aprender, memorizar y progresar. Así es como lo hacemos con la lectoescritura. Un poco como un padre que le muestra a su hijo cómo pedalear y luego le deja montar en bicicleta solo, primero con las ruedas pequeñas y luego sin ellas.

Por cierto, ¿el padre pone notas a su hijo que está aprendiendo a montar en bicicleta? Claro que no. En Montessori, no hay notas. El niño sabe muy bien si tiene éxito en lo que está haciendo o no. Y lo sabe a ciencia cierta, pues cada material incluye lo que se llama control del error.

Una pedagogía del placer y de la libertad supervisada

Maria Montessori creía que un niño coaccionado no aprende o aprende mal. Por el contrario, un niño progresará rápidamente si participa voluntaria y libremente en actividades que le interesan. Según Maria Montessori, todo niño pasa por etapas de desarrollo que ella denomina: «períodos sensibles«. Son períodos de unos pocos meses, o incluso de hasta unos pocos años, durante los cuales se siente particularmente atraído por determinada actividad. El período sensible del lenguaje se sitúa aproximadamente entre 2 y 6 años. Desde los 2 años desarrollamos en el niño habilidades que le preparan para la lectoescritura.

La torre rosa Montessori

Por tanto, el arte de la educación Montessori consiste en situar al niño en un entorno preparado, adaptado a su nivel, que le ofrezca ocasiones para realizar actividades interesantes y en el que pueda actuar de manera libre y segura. De ahí el uso de un material Montessori estético y divertido que podría confundirse con un juego. El interés que el niño encuentra en usarlo no es necesariamente el objetivo pedagógico del adulto, pero qué más da, si al final se alcanza el objetivo pedagógico. Por ejemplo, el niño encuentra placer en levantar la torre rosa. Por cierto, descubre de manera intuitiva el sistema decimal, sin siquiera darse cuenta.

Una progresión paso a paso hacia la lectoescritura

Cada material Montessori permite abordar un concepto específico. Cada actividad está destinada a centrarse en una sola dificultad. Así, la atención del niño solo se centra en un punto particular sobre el que podrá poner todo su poder de reflexión y de atención. Así, concentrados en una dificultad cada vez nos encaminamos hacia la lectoescritura. De ahí la necesidad de utilizar el material en un orden preciso para obtener la máxima eficacia pedagógica.

El material sensorial Montessori y preparación para la lectoescritura

En el sistema tradicional, se pasa directamente a la abstracción haciendo que los niños aprendan de memoria las letras en orden alfabético. En Montessori, primero se empieza por lo concreto y no nos saltamos etapas.

La vida práctica y sensorial para prepararse para la escritura

A partir de los 2 años y medio, actividades de la vida práctica y la vida sensorial, como transvasar agua, semillas, encajar elementos en un zócalo, doblar toallas, abotonar los marcos del vestir, atar cordones y luego, alrededor de los 4 años, usar las formas para dibujar, por ejemplo, son ejercicios de motricidad fina que le permitirán sostener el bolígrafo correctamente y dominar los gestos de la escritura. Desde esa tierna edad sembramos las semillas para la lectoescritura.

Hablar para saber leer y escribir

A partir de los 2 años, la pedagogía Montessori aprovecha las ganas de comunicarse de los niños para ayudarlos a distinguir los sonidos, enriquecer su vocabulario y comprender intuitivamente que las palabras son símbolos de objetos, acciones, pensamientos y conceptos. Todo ello es una auténtica preparación para la lectoescritura.

Para ello, la metodología Montessori establece dos actividades esenciales:

  • El juego de los sonidos. El objetivo es que el niño tome conciencia de las diferencias entre los sonidos. Para ello, jugamos con él a identificar, reconocer y pronunciar primero los sonidos del principio de las palabras, luego los del final y luego los del medio: «¿Cómo te llamas? –Olivia. –Sí, OOOOlivia. Y en mi cara, ¿qué otra cosa empieza por OOOO? –Ojos. –Sí, OOOOjos”, etc. Es necesario tomarse tiempo, no apresurarse. Esto se puede hacer en familia, mientras se espera al médico, en el coche o con varios niños en la guardería.
  • Los juegos sensoriales. Está la bolsa del misterio, en la que escondemos pequeños objetos que el niño debe tocar, reconocer y nombrar. También hay materiales como la granja de animales o las cajas de colores, destinados a enriquecer campos léxicos específicos. Estas actividades se prolongarán más tarde, alrededor de los 4 a 5 años, cuando el niño empiece a saber leer, con el juego de las acciones.

Aprender con las letras de lija

Las letras de lija permiten al niño aprender el nombre de la letra, asociar este nombre con su forma y con el sonido que representa, empezar a aprender a trazar y memorizar todo no de manera abstracta sino grabándolo físicamente, a través de los sentidos: vista, oído y tacto. Las letras se presentan al niño de 3 en 3, no en orden alfabético. Se presentan grupos de tres letras cuyas formas son muy diferentes para evitar confusiones.

Esta presentación se hace mediante una lección en tres tiempos. El educador pasa despacio dos dedos sobre la forma rugosa, mientras pronuncia el sonido de la letra. Este sonido no es el que se usa cuando se recita el orden alfabético (BE, CE …), sino el de la letra cuando se utiliza en una palabra (BBBB, CCCC…). Así pues, cuando el niño tiene que asociar B + U, naturalmente dirá BU y no BEU.

Luego, se deja que el niño practique solo cada vez con más letras, que le hemos presentado previamente. Aquí es donde interviene el control del error: en cuanto el niño se equivoca en el gesto, nota que se ha salido del camino rugoso.

Letras, sílabas, palabras, con alfabetos móviles

El niño sabe ya las letras y los sonidos que representan. Podrá empezar a combinarlos para formar sonidos complejos (sílabas) y luego palabras y oraciones.

Las letras móviles

Hay diferentes tamaños para diferentes actividades. Cada alfabeto se guarda en una caja dedicada en orden alfabético. De este modo, el niño recuerda el orden sin que sea necesario aprenderlo de memoria.

Las letras móviles Montessori. Material para la lectoescritura
  • La clasificación de las letras. Esta actividad se realiza con letras bastante grandes. El objetivo es fortalecer la memorización. El niño clasifica las letras por su forma (las redondas, las que tienen una pierna que baja, las que tienen un brazo que sube).
  • La composición de las palabras. Lo que es formidable para el niño es que ya puede escribir palabras antes incluso de saber escribir correctamente las letras en un papel. En esta etapa, al contrario que en el sistema tradicional, los niños disgráficos o disortográficos no tienen ningún impedimento. Pueden aprender tranquilamente la combinatoria letras / sílabas / palabra, combinatoria que también les servirá para aprender a leer correctamente. Siguiendo siempre el principio de «un concepto a la vez», en esta etapa aún no nos ocupamos de la ortografía ni de la escritura manuscrita. Sin embargo, lo que los niños aprenden paso a paso y con gran serenidad, son cimientos muy sólidos. ¡En lugar de tener estrés a los 4 años!

La escritura manuscrita

Es posible que el niño ya haya comenzado a intentar formar palabras en escritura manuscrita, para imitar a los niños mayores. Ahora afinará sus gestos y aprenderá a escribir de manera regular:

  • Para aprender a alinear las letras entre sí y las palabras sobre la línea, en lugar de subir o bajar en la página, el niño ordena las letras de un alfabeto móvil según su posición respectiva, por ejemplo, colocándolas sobre una alfombra con líneas o usando un alfabeto de pequeños cartones.
  • Para aprender a escribir letras cada vez más pequeñas y de manera regular, el niño utiliza las pizarras Montessori: traza las letras en cuadrados pequeños, o entre las líneas. Como escribe con tiza, si comete un error y va más allá de la línea, borra y vuelve a empezar.
  • La ortografía y la gramática vendrán más tarde, con herramientas como los dictados mudos, los símbolos gramaticales, el juego del detective, los libros de conjugación.
Alfabeto móvil. Un alfabeto de pequeños cartones para la lectoescritura

La lectura según el método Montessori

Aquí también todo se hace de manera progresiva y sin estrés. Los niños empiezan a leer de manera natural porque adquieren las habilidades necesarias poco a poco y porque entienden el interés que tiene hacerlo. ¡Y también porque es muy divertido poner a prueba sus nuevas capacidades! Como cuando aprenden a nadar o a hacer un pastel. La pedagogía Montessori dispone de diversos materiales para acompañar la progresión de la lectoescritura.

Las cajas de lectura

También se llaman cajas de objetos fonéticos. Se trata de clasificadores con numerosos cajones. Cada cajón pequeño está marcado con letras que representan un sonido y contiene pequeños objetos cuyo nombre contiene este sonido. Para trabajar con el niño, el educador escribe una palabra en una hoja de papel (de dificultad progresiva y a partir de sonidos y letras que el niño sabe). El niño descifra la palabra y busca el objeto correcto en los cajones. Además de practicar la lectura, comprende de manera intuitiva que las palabras escritas representan objetos; un avance más hacia la lectoescritura.

El juego de las acciones

Para abordar palabras que representan nociones abstractas, el educador escribe una acción en un papel. El niño la descifra y la ejecuta. «Canta», «salta», etc. Esto permite a la vez enriquecer el vocabulario y mostrar que las palabras no son solo el símbolo de objetos visibles.

Los libros pequeños

Como su nombre indica, se trata de mini libros con solo unas pocas frases simples e imágenes. Es el educador quien los fabrica, según el nivel y los gustos del niño. Permiten al niño descubrir que los textos escritos tienen un significado, transmiten un mensaje. El niño los relaciona enseguida con los libros que sus padres le leen. Es el momento de poner a su disposición una biblioteca variada y adaptada a su nivel.

Las tarjetas de nomenclatura

Esta herramienta ocupa un lugar muy importante en la pedagogía Montessori. Se usa cada vez más, a medida que el niño progresa y se usa en numerosas disciplinas (ciencia, geografía, historia… ). Es una herramienta para aprender vocabulario al mismo tiempo que para practicar la lectura, lo que la convierte en un perfecto aliado para la lectoescritura.

Las más simples incluyen solo una imagen y el nombre correspondiente. El niño tiene que asociar el nombre con la imagen. Las más complejas incluyen una imagen y un pequeño texto, siempre asociado, sobre temas como los animales, los grandes sistemas del cuerpo humano, los monumentos del mundo, etc.

Lectoescritura: actividades que tienen sentido para los niños

En conclusión, la lectoescritura es una progresión natural y gradual, una capacidad que el niño va adquiriendo poco a poco a través de una serie de actividades realizadas con materiales Montessori diversos.

Todas las actividades se encaminan hacia la comprensión y la memorización. El niño también debe percibir, en todas ellas, una utilidad para él mismo. Para finalizar, debe tener ganas de hacer estas actividades y utilizar el material Montessori porque le resulta atractivo y cautivador, como un juego, y emocionante, como un desafío que desea afrontar.

lectoescritura
Sigue leyendo

Montessori y el confinamiento de los niños

La pedagogía Montessori no es solo una enseñanza de los contenidos escolares, es una escuela de vida. Por tanto, tiene recursos útiles para momentos tan complicados como los que estamos experimentando actualmente con nuestros hijos.

Diálogo y «vida práctica»

Maria Montessori, al igual que muchos psicopedagogos, recomendó hablar con los niños sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor. diálogo-Montessori-Escuela-VivaEl hecho de explicarles los acontecimientos de la vida, buenos o malos, con palabras adaptadas a su nivel de comprensión, permite evitar que arraiguen en ellos ansiedades profundas y duraderas.

Habla con los niños de lo que está ocurriendo, de la pandemia.

También recomendó hacerlos participar a cualquier edad, incluso desde muy pequeños, en las tareas cotidianas de la familia, lo que en la pedagogía Montessori denominamos «vida práctica»: cuidar las plantas y las mascotas, colaborar en las tareas de limpieza y orden del hogar, pedirles a los niños mayores que lean cuentos a los más pequeños, y actividades semejantes. En el contexto del confinamiento, esta participación adquiere una gran importancia, no solo para tranquilizar a los niños, sino también para evitar que se aburran.

vida práctica Montessori. Escuela Viva

Haz que los niños participen en las tareas de “vida práctica”.

Sigue leyendo

Crónica de una escuela de pueblo

Escuela pequeña – gran ventaja

Yo era un niño de ciudad que olía a jabón, en una clase que olía a vaca. Sí, era una escuela de pequeños granjeros en los años 60. Los niños no dormían lejos del establo, a veces ayudaban a ordeñar por la tarde, con la frente apoyada en el costado de las vacas. Se lavaban por la mañana rápidamente las mejillas, rojas y llenas de salud, utilizando el guante como si fuera la lengua de un gato. Éramos raros, los que olíamos a jabón. Pero no duraba mucho. Nuestros juegos se encargaban rápidamente de borrar las diferencias, de eliminar en silencio toda esta mezcla social. Nuestros cabellos felizmente mezclados para realizar los trabajos comunes tomaban prestados el perfume de todo el mundo.

Close Up Of Children's Feet Dangling From Wooden Bridge

<< Y esta convivencia tan simple era contagiosa: franqueaba el muro de la escuela y se extendía a todo el pueblo >>

Sigue leyendo

Crónica de una escuela de pueblo. Temporada 1 – Episodio 4

La naturaleza

nature-2

La naturaleza entraba en clase y la encontrábamos constantemente en nuestros textos. ¡Los textos libres de los niños de las ciudades deben ser tan diferentes! Sin duda también serán ricos, pero probablemente no estén tan llenos de olores, colores, humedad, calor, ramitas crepitantes, estallidos de vainas secas, etc. Es decir, de todo aquello que percibimos con la piel, por las fosas nasales, los ojos abiertos y los oídos alerta. He encontrado esta naturaleza en prácticamente todos los textos del periódico que publicamos: “Ha nevado. Los abetos parecen pescados pasados por harina”. “Las orugas cubrieron el tronco de la acacia y parecía que tuviese un suéter gris. Quería tocarlas porque parecían de terciopelo, pero papá me dijo que eran venenosas”. “Las hormigas son como pequeñas gotas de agua con patas”. “No quiero tocar ranas. Su piel parece fría”. Como veníamos todos andando a la escuela, cruzando prados y atravesando setos y arroyos, a menudo descubríamos recursos para llevar a clase: un tejón o un búho heridos, un gatito ciego descuidado por su madre por alguna razón desconocida.

<< Sin embargo, no era una naturaleza ni idílica ni edulcorada >>

Me acuerdo de una serpiente muerta, abierta sobre una mesa en el patio, para que pudiésemos descubrir aquellas pequeñas serpientes que no habían tenido tiempo suficiente de nacer. De este modo, era inútil trabajar la teoría de los vivíparos y ovíparos, porque la idea ya estaba fijada para siempre en el alumnado, con el olor a hierro oxidado de la serpiente muerta. Sigue leyendo

Las diferencias

<< Crónica de una escuela de pueblo >>

Yo era un poco, no como el patito feo, pero sí como un polluelo raro de la escuela. Rubia, un poco espagueti y salida de una familia de burgueses parisinos trasladada al campo, en medio de todos los pequeños campestres bajos, fornidos y morenos del suroeste. Yo tenía, además, acento del norte, típico de los parisinos. Sin embargo, aunque instintivamente adquiría cierto acento del sur con mis compañeros, sin duda alguna para intentar hacer como todo el mundo, nunca he sufrido la más mínima burla y nunca me han hecho sentir diferente.

Había más diversidad en clase. No obstante, me es imposible saber cómo cada niño diferente vivía esta situación, pero sí sé cómo lo vivimos nosotros. Nosotros, los otros, el grupo.

<< Jacques desaparecía a veces >>

difference-3

Tan pronto estaba con nosotros alrededor de la pequeña mesa, como ya no estaba. Como un diente caído en una boca de 6 años: de repente aparecía un agujero. Pero no nos sorprendía. Sabíamos muy bien lo que pasaba y lo que debíamos hacer. Mientras uno iba a coger el “cojín de Jacques”, otro le levantaba la cabeza y un tercero avisaba a la Señorita si en ese momento ella se estaba ocupando de otro grupo. Apartábamos las sillas, los bancos, la mesa, para que no chocara con ellos durante sus convulsiones. Lo girábamos suavemente sobre el costado. Le sosteníamos la mano. Esperábamos a que se despertara de su crisis epiléptica y lo rodeábamos para consolarlo, porque cada vez que le pasaba, mientras se limpiaba la espuma de la boca, comenzaba a llorar. Sigue leyendo

Cómo elegir un regalo Montessori

El material Montessori: ¿son juguetes?

A medida que se acerca la Navidad, en todas partes vemos alabar los méritos de algún regalo Montessori.

Una precisión importante: los elementos del material pedagógico Montessori no son «juguetes», en el sentido de que, si el niño los usa sin que le hayan enseñado la manera de usarlos, pasará por alto aprendizajes relacionados con cada material y se cansará enseguida. Para el caso, mejor regalarle un juego de construcción o una muñeca.

Además, el material Montessori es cronológico. Es decir, corresponde a edades aproximadas y, a veces, requiere requisitos previos.

Entonces, ¿debemos renunciar a regalar material Montessori en Navidad? No, claro que no, pero es necesario elegirlo bien.

couleurs¿Cómo elegir el material Montessori?

En primer lugar, aquí encontrará una cronología de utilización del material de Vida práctica y de Vida sensorial para niños y niñas desde 2 hasta 6 años: cronograma-escuela-viva.pdf

Sigue leyendo

Contar con… las patas

Bianca-filletteEsta es la historia de una niña pequeña, que padecía una enfermedad rara y estaba aprendiendo a contar. En el instituto habían declarado que solo sería capaz de contar hasta 4. De modo que tomaron la decisión de no proponerle aprendizajes básicos, como las matemáticas.

Sus padres estaban profundamente convencidos de que un enfoque menos académico tal vez le ayudara a progresar. Tenían la sensación de que el «sistema» había abandonado a su hija.

¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!

Me propuse la ardua tarea de hacer que disfrutara contando, convencida de que el material Montessori le sería de gran ayuda. A fin y al cabo, dicho material había sido diseñado en un principio para ayudar a niños con lo que se denomina «necesidades educativas especiales». Lo admito: con ella no fue tan sencillo. La niña parecía indiferente a mi material. Se mostraba dispuesta a cooperar, pero nada más. Tocó el material como le expliqué, pero sin ningún impulso real hacia el aprendizaje.

Yo estaba a punto de rendirme. Además, incluso terminé guardando el material Montessori en su lugar. No me faltó imaginación ni apoyo. Lo había intentado todo: hacerle contar lápices de colores, moras, guijarros… Y de repente un día la oí contar: «¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!». La niña tenía en la mano la pata de mi perra y estaba contando las uñas.

Allí donde los profesionales de la infancia habían fracasado, ¡un perro lo había conseguido! Sigue leyendo