El apoyo escolar en el hogar

El apoyo escolar cobra en estos días especial importancia, en este artículo revisamos los motivos y ofrecemos ideas y herramientas para que el acompañamiento y el refuerzo escolar se desarrolle en casa con los mejores resultados sin sobrecargar a las madres ni alterar la vida familiar.

En tiempos normales, muchos padres (sobre todo las madres) e incluso los abuelos hacen un acompañamiento académico de los niños y les proporcionan apoyo escolar en casa. Pero en estos tiempos de pandemia, dicha actividad ha adquirido una amplitud sin precedentes, y el refuerzo escolar a veces toma la forma de escolarización completa, de escolarización en el hogar. Todo ello plantea problemas de tiempo, organización y de adaptación de las herramientas de trabajo.

Acompañamiento escolar y abuelos
Reconocemos la importancia de los abuelos en el acompañamiento escolar en estos tiempos complejos

Las madres y el tiempo

Es bien sabido que las tareas de la mujer en la familia son múltiples y a menudo muy pesadas, incluso en aquellos hogares en los que participan los padres: hacer las compras, cocinar, limpiar la casa, cuidar a los hijos… A estas labores se añade el acompañamiento en los deberes para casa, la estimulación académica, el refuerzo académico, aquello que denominamos apoyo escolar.

Durante el confinamiento, no había pausa, sobre todo para las mujeres que teletrabajaban. Y, claro está, aún es más complicado para las familias monoparentales.

En estas condiciones, es importante conseguir que los niños aprendan de manera progresiva a trabajar solos durante una parte del tiempo. Esto es lo que permite la pedagogía activa, que cultiva en los niños la confianza en sí mismos, el sentido de organización, el rigor y, por encima de ello, la autonomía.

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Montessori en casa, cómo empezar

Montessori en casa puede ser una solución óptima para educar a niños y niñas durante este tiempo de pandemia. Aplicar el método y utilizar el material Montessori en el ámbito del hogar presenta numerosas ventajas. Permite seguir un cronograma acorde a los progresos y las edades de los niños y las niñas y resulta útil tanto para profesores como para aquellas personas que no son profesionales de la educación

Una solución para la pandemia

La educación en el hogar afecta cada vez a más familias. Con el aumento de casos de coronavirus en algunos países y el avance de la pandemia, muchos padres comienzan a preguntarse si quieren (o pueden) dejar que sus hijos regresen a la escuela. ¿Es la pedagogía Montessori una solución? ¿Se puede aplicar el método Montessori en casa? A continuación responderemos a estas preguntas.

Sigue leyendo si deseas empezar Montessori en casa y conocer sus ventajas

Las ventajas del método Montessori en casa

Emplear el material Montessori en el ámbito del hogar resulta conveniente en una situación como la actual. No es necesario que sea la única fuente de educación, sino que puede complementar cualquier otra. Vamos a explicar algunas de sus ventajas

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Crónica de una escuela de pueblo

Escuela pequeña – gran ventaja

Yo era un niño de ciudad que olía a jabón, en una clase que olía a vaca. Sí, era una escuela de pequeños granjeros en los años 60. Los niños no dormían lejos del establo, a veces ayudaban a ordeñar por la tarde, con la frente apoyada en el costado de las vacas. Se lavaban por la mañana rápidamente las mejillas, rojas y llenas de salud, utilizando el guante como si fuera la lengua de un gato. Éramos raros, los que olíamos a jabón. Pero no duraba mucho. Nuestros juegos se encargaban rápidamente de borrar las diferencias, de eliminar en silencio toda esta mezcla social. Nuestros cabellos felizmente mezclados para realizar los trabajos comunes tomaban prestados el perfume de todo el mundo.

Close Up Of Children's Feet Dangling From Wooden Bridge

<< Y esta convivencia tan simple era contagiosa: franqueaba el muro de la escuela y se extendía a todo el pueblo >>

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Crónica de una escuela de pueblo. Temporada 1 – Episodio 4

La naturaleza

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La naturaleza entraba en clase y la encontrábamos constantemente en nuestros textos. ¡Los textos libres de los niños de las ciudades deben ser tan diferentes! Sin duda también serán ricos, pero probablemente no estén tan llenos de olores, colores, humedad, calor, ramitas crepitantes, estallidos de vainas secas, etc. Es decir, de todo aquello que percibimos con la piel, por las fosas nasales, los ojos abiertos y los oídos alerta. He encontrado esta naturaleza en prácticamente todos los textos del periódico que publicamos: “Ha nevado. Los abetos parecen pescados pasados por harina”. “Las orugas cubrieron el tronco de la acacia y parecía que tuviese un suéter gris. Quería tocarlas porque parecían de terciopelo, pero papá me dijo que eran venenosas”. “Las hormigas son como pequeñas gotas de agua con patas”. “No quiero tocar ranas. Su piel parece fría”. Como veníamos todos andando a la escuela, cruzando prados y atravesando setos y arroyos, a menudo descubríamos recursos para llevar a clase: un tejón o un búho heridos, un gatito ciego descuidado por su madre por alguna razón desconocida.

<< Sin embargo, no era una naturaleza ni idílica ni edulcorada >>

Me acuerdo de una serpiente muerta, abierta sobre una mesa en el patio, para que pudiésemos descubrir aquellas pequeñas serpientes que no habían tenido tiempo suficiente de nacer. De este modo, era inútil trabajar la teoría de los vivíparos y ovíparos, porque la idea ya estaba fijada para siempre en el alumnado, con el olor a hierro oxidado de la serpiente muerta. Sigue leyendo

Las diferencias

<< Crónica de una escuela de pueblo >>

Yo era un poco, no como el patito feo, pero sí como un polluelo raro de la escuela. Rubia, un poco espagueti y salida de una familia de burgueses parisinos trasladada al campo, en medio de todos los pequeños campestres bajos, fornidos y morenos del suroeste. Yo tenía, además, acento del norte, típico de los parisinos. Sin embargo, aunque instintivamente adquiría cierto acento del sur con mis compañeros, sin duda alguna para intentar hacer como todo el mundo, nunca he sufrido la más mínima burla y nunca me han hecho sentir diferente.

Había más diversidad en clase. No obstante, me es imposible saber cómo cada niño diferente vivía esta situación, pero sí sé cómo lo vivimos nosotros. Nosotros, los otros, el grupo.

<< Jacques desaparecía a veces >>

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Tan pronto estaba con nosotros alrededor de la pequeña mesa, como ya no estaba. Como un diente caído en una boca de 6 años: de repente aparecía un agujero. Pero no nos sorprendía. Sabíamos muy bien lo que pasaba y lo que debíamos hacer. Mientras uno iba a coger el “cojín de Jacques”, otro le levantaba la cabeza y un tercero avisaba a la Señorita si en ese momento ella se estaba ocupando de otro grupo. Apartábamos las sillas, los bancos, la mesa, para que no chocara con ellos durante sus convulsiones. Lo girábamos suavemente sobre el costado. Le sosteníamos la mano. Esperábamos a que se despertara de su crisis epiléptica y lo rodeábamos para consolarlo, porque cada vez que le pasaba, mientras se limpiaba la espuma de la boca, comenzaba a llorar. Sigue leyendo

Cómo elegir un regalo Montessori

El material Montessori: ¿son juguetes?

A medida que se acerca la Navidad, en todas partes vemos alabar los méritos de algún regalo Montessori.

Una precisión importante: los elementos del material pedagógico Montessori no son «juguetes», en el sentido de que, si el niño los usa sin que le hayan enseñado la manera de usarlos, pasará por alto aprendizajes relacionados con cada material y se cansará enseguida. Para el caso, mejor regalarle un juego de construcción o una muñeca.

Además, el material Montessori es cronológico. Es decir, corresponde a edades aproximadas y, a veces, requiere requisitos previos.

Entonces, ¿debemos renunciar a regalar material Montessori en Navidad? No, claro que no, pero es necesario elegirlo bien.

couleurs¿Cómo elegir el material Montessori?

En primer lugar, aquí encontrará una cronología de utilización del material de Vida práctica y de Vida sensorial para niños y niñas desde 2 hasta 6 años: cronograma-escuela-viva.pdf

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Contar con… las patas

Bianca-filletteEsta es la historia de una niña pequeña, que padecía una enfermedad rara y estaba aprendiendo a contar. En el instituto habían declarado que solo sería capaz de contar hasta 4. De modo que tomaron la decisión de no proponerle aprendizajes básicos, como las matemáticas.

Sus padres estaban profundamente convencidos de que un enfoque menos académico tal vez le ayudara a progresar. Tenían la sensación de que el «sistema» había abandonado a su hija.

¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!

Me propuse la ardua tarea de hacer que disfrutara contando, convencida de que el material Montessori le sería de gran ayuda. A fin y al cabo, dicho material había sido diseñado en un principio para ayudar a niños con lo que se denomina «necesidades educativas especiales». Lo admito: con ella no fue tan sencillo. La niña parecía indiferente a mi material. Se mostraba dispuesta a cooperar, pero nada más. Tocó el material como le expliqué, pero sin ningún impulso real hacia el aprendizaje.

Yo estaba a punto de rendirme. Además, incluso terminé guardando el material Montessori en su lugar. No me faltó imaginación ni apoyo. Lo había intentado todo: hacerle contar lápices de colores, moras, guijarros… Y de repente un día la oí contar: «¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!». La niña tenía en la mano la pata de mi perra y estaba contando las uñas.

Allí donde los profesionales de la infancia habían fracasado, ¡un perro lo había conseguido! Sigue leyendo

Educar a niños curiosos

La mayoría de la gente, sobre todo los padres y las madres, dicen que aprecian la curiosidad de los niños. Todos los padres querrían que sus hijos fueran curiosos, creativos e imaginativos.

¿Siguen siendo pertinentes estas cualidades si tomamos en cuenta el comportamiento que los padres esperan de sus hijos?

He aquí cinco cualidades que poseen casi todos los niños curiosos:

  • curiosidad
  • imaginación
  • inventiva
  • ganas de explorar
  • intrepidez

Todos los niños pequeños tienen estas cualidades. Sin embargo, poco a poco a medida que crecen, la mayoría pierde inventiva se vuelve más miedoso. ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

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Los niños investigadores – A los niños curiosos les encanta plantear preguntas, montones y montones de preguntas.

Todos los padres lo saben. Antes de que mis hijos empezaran a hacer preguntas, recuerdo haber pensado lo divertido que sería que lo hicieran. En aquella época, me imaginaba nuestras conversaciones profundas y el aprendizaje que se derivaría de ellas.

Pues bien, no siempre es tal como yo lo había imaginado. Es cierto que muchas, muchísimas, veces me ha encantado responder a sus preguntas. Sus preguntas nos han llevado a hablar de tantos temas diferentes, ¡inimaginables en edades tan tempranas! Pero, por otra parte, yo no estaba preparada para tantas preguntas –una tras otra, y tras otra–. ¡Es francamente agotador!

No obstante, es imposible reprimir estas preguntas sin reprimir también su curiosidad. Tal vez en algunos momentos tengo que decir a mis hijos que necesito una pequeña pausa, pero siempre intento volver atrás enseguida y preguntarles si tienen otras preguntas, otros temas de los que necesiten hablar. Cuanto más libres se sienten niños para hacer preguntas cuando son pequeños (sin temor a que alguien le pida que se callen o se burle de ellos), más libres se sentirán para hacer preguntas difíciles o para pedir consejos cuando sean mayores.

Tome en serio las preguntas de sus hijos. Le piden a usted una respuesta. A menudo veo a personas que intentan transformar las preguntas en otras preguntas para que las respondan los niños o convertirlas en «momentos educativos», en una especie de lección sobre el tema. Si usted le hace una pregunta a alguien, ¿cómo le gustaría que le respondieran? Eso es lo que trato de tener en mente cuando mis hijos me hacen preguntas.

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Los niños imaginativos – Los niños curiosos suelen tener una imaginación profunda y fértil.

Este tipo de niños se plantean preguntas a sí mismos y piensan en todas las formas posibles de responder a dichas preguntas. A menudo, los niños se portan mal porque quieren poner a prueba una idea que se les ha ocurrido. Preguntas del tipo: ¿cómo será?, o qué pasará si hago esto, son muy importantes para los niños pequeños.

Las escuelas dicen valorar la imaginación, pero la auténtica imaginación no se puede limitar a escribir o al hecho de contar de una historia inteligente, a simular jugar durante el recreo o incluso a imaginar formas de resolver los problemas de matemáticas o de ciencias (si es que se anima a esto).

¿Qué hacer si un niño se imagina cómo sería volar por el aire? ¿Se le permitiría a soñar con lo que podría suceder? ¿Le estaría permitido dibujar máquinas voladoras durante horas… a la manera de Leonardo da Vinci o soñar con un futuro en el que los seres humanos pudieran volar o teletransportarse a sí mismos? Es probable que no sea capaz de entender cómo vuela esa máquina o cómo funciona el haz para teletransportarse a otro mundo, pero explorará nuevos temas y aprenderá todo tipo de cosas divertidas. Y, lo que es más importante, sabrá que su imaginación es muy apreciada y no se limita solo a los temas «apropiados».

Los niños inventivos – Los niños curiosos quieren hacer de su imaginación una realidad concreta.

Creo que la mayoría de los niños son pequeños inventores. Si les dejan, inventan su propia forma de aprender a caminar y a hablar, de levantarse de la cama (si duermen en una cama), de leer, de resolver cálculos y aún mucho más cuando se van haciendo mayores.

Cuando nosotros, los adultos, intervenimos e imponemos la solución «correcta», esta inventiva natural va desapareciendo. Algunos niños conservan esta cualidad cuando son adultos, por lo general se convierten en inventores profesionales, ingenieros, científicos, etc. Sin embargo, habría muchas más personas inventivas y creativas en su vida cotidiana si no las hubieran convencido de que solo los «expertos» o aquellos que tienen diplomas o certificados tienen las soluciones correctas.

 

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Los niños experimentadores – A los niños curiosos les gusta «enredar».

Conozco a mucha gente que piensa que el desorden y la curiosidad no deberían ir de la mano. No puedo estar más en desacuerdo. Para saber cómo funcionan las cosas, es necesario experimentar y afrontar los eventuales «daños colaterales». Los niños pequeños tienen una particular necesidad de experimentar.

Créanme, no siempre es fácil recordarlo. Como madre, esto suele significar mucho más trabajo de negociación. Y a veces puede ser increíblemente frustrante. Pero, nos guste o no, la imaginación y los «daños colaterales» van a la par. Mi teoría es la siguiente: cuanta más imaginación tiene el niño, mayores serán los estropicios que hará.

A los dos años, mis gemelos se llevaron una pastilla de mantequilla al piso de arriba y embadurnaron toda la habitación: las paredes, las puertas, las alfombras y las ventanas. ¿Creen que en aquel momento me alegré de aquella maravillosa exhibición de imaginación? Pues no; mi primer pensamiento fue pegarles un berrido al ver todo el trabajo que me aguardaba. Pero, me alegro de no haberles gritado sin más y de no haberlos «castigado» por su curiosidad. Además, ¡eran los gemelos!

En lugar de eso, mientras limpiamos juntos el desorden, hablamos sobre la mantequilla, de dónde viene y cómo puede manchar; hablamos de que la gente a veces hace esculturas de mantequilla, y, sí, también hablamos de que no es una buena idea extenderla por las paredes ni por cualquier otra cosa sin antes preguntarle a mamá y papá.

En otra ocasión, tomaron veinticuatro botellas de agua y las vaciaron por el fregadero. Lo vuelvo a repetir: eran pequeños y sentían curiosidad por saber qué pasaría. En estos casos, una tiene que elegir: puede gritar y castigar o anticiparse a su curiosidad y ofrecerles otras formas de demostrar sus teorías que no causen daños ni a bienes ni a personas.

Los niños sin miedo – Los niños curiosos son audaces

Si a usted le da miedo que alguien se burle de sus preguntas, le dará miedo formularlas. Si está limitado en la manera de expresar su imaginación, le dará miedo imaginar algo más grande e imponente. Si le castigan por crear desorden, le dará miedo crear e inventar.

Los niños cuya curiosidad se anima y se fomenta, no tienen miedo a nada. Eso no quiere decir que no tengan los temores y preocupaciones naturales, pero no les da miedo ser fuertes, audaces y expresivos. No les preocupa la inseguridad ni la opinión de los demás.

 

Necesitamos personas más curiosas en este mundo, personas que no se detengan automáticamente ante la última palabra de los demás. Los niños intrépidos y valientes se convierten en líderes, inventores, artistas y adultos comprensivos que resuelven problemas.

 

Según el artículo aparecido en inglés sobre el blog Interest-led learning de Christina Pilington

Fotos de Vanessa Toinet para Escuela Viva y de Niki Boon

Educar a Niños Curiosos 

escuelaviva.wordpress.com

 

Los 2-6 años de Montessori equivalen a los programas de tres cuartas partes de primaria

colores vida sensorial

Los niños y las niñas «adelantados»
La pedagogía Montessori se basa en un material sensorial tan eficaz con los niños y las niñas que en general aprenden antes y de manera más duradera que los niños y las niñas del sistema tradicional. Por ejemplo, aprenden a escribir y leer hacia los 3 o 4 años, descubren la gramática alrededor de los 5 años, empiezan a trabajar en fracciones alrededor de los 6 años, y así muchas otras cosas.
Este trabajo «adelantado» no es en absoluto el objetivo de la pedagogía Montessori. No se fuerza absolutamente nada y se respeta el ritmo de los niños y las niñas. Sino que se aprovecha lo que Maria Montessori llama «los períodos sensibles» del niño, que van desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente, y durante los cuales todas las adquisiciones son más fáciles y naturales para ellos.

Adelantados con respecto a los programas oficiales
lenguaje letrasEn consecuencia, los niños y las niñas entre 2 y los 6 años que han seguido una educación montessoriana desde el principio han asimilado sólidamente el programa de preescolar y casi tres cuartas partes de la primaria. Y los contenidos educativos previstos para este período que va desde los 2 hasta los 6 años aproximadamente son los que habitualmente tratan en primaria los niños de entre 3 y 9 años.

Los libros de la colección Montessori Paso a paso, 2-6 años, de Escuela Viva
Esta es la razón por la cual los enseñantes de primaria utilizan los libros Paso a paso de Escuela Viva dedicados a niños de 2 a 6 años, para complementar o reemplazar gradualmente el sistema tradicional.

calculo numeros
Para más detalles, he aquí el resumen:
– 2-6 años Vida práctica – Vida sensorial (que permite preparar de manera concreta y sensorial la comprensión de conceptos abstractos y la adquisición de la escritura, la lectura y rigurosos métodos de trabajo.
– 2-6 años Lenguaje (que permite la adquisición de escritura, de la lectura, las nociones básicas de la gramática, etc.)
– 3 a 6 años Cálculo (que permite el descubrimiento de las cifras, los números y del sistema decimal, el dominio de las cuatro operaciones, el descubrimiento de fracciones).

El error no es una falta

Una mala relación con el error

Uno de los peores reproches que podemos hacer a la escuela tradicional es su pésima gestión del error:

  • a menudo se le pregunta al niño o a la niña sobre temas que aún no ha aprendido (¡el dictado!),
  • se le culpabiliza cuando no sabe la respuesta (al error se le llama falta),
  • se le castiga por sus errores (se le pone mala nota, se le compara con sus compañeros ¡que sí saben la respuesta!, y, en el peor de los casos, es blanco de comentarios irónicos).
  • se acaba por inhibirlo de tal manera que prefiere callarse, o decir que no lo sabe, antes que arriesgarse a dar una respuesta equivocada.

niño trabajando

El error es productivo

Pongamos por ejemplo un laboratorio de investigación. A menudo se cometen errores. Después, se extraen conclusiones de tales errores para encaminarse progresivamente hacia el éxito. Si en el laboratorio no existiera el derecho al error ¿quién osaría plantear la menor hipótesis? Tendrían que cerrarlo.

En el aprendizaje es lo mismo (¡o debería serlo!). ¿A quién se le ocurriría reprender a un bebé por caerse un número incalculable de veces antes de tenerse en pie y echar a andar? ¡Un cero para el bebé!

Precisamente es cayéndose como se aprende a no caer… y cómo uno lo recuerda (aunque le duela el trasero del golpe). No hay nada que objetar. Tanteando se aprende a poner mejor los pies, a buscar el equilibrio. Y como todo esto lo descubrimos por experiencia propia, el aprendizaje es voluntario, consentido y perseverante. ¿De qué serviría que nos ordenaran: «¡Anda!»? ¿Y nos alentaría mucho que nos dijeran: «¿Cómo? ¿Todavía no andas?»?

Todo el mundo tiene derecho a equivocarse

En una clase o en cualquier situación de aprendizaje, el derecho al error, por tanto, es muy importante. Y se aplica a todos, incluso al enseñante. Como de costumbre, al enseñante le toca «predicar con el ejemplo». Al reconocer, sin el menor atisbo de vergüenza, que se ha equivocado o que no sabe la respuesta, el enseñante transmite diversos mensajes:

  • Yo no lo sé todo, y es normal. Nadie es infalible y tenemos derecho a equivocarnos.
  • El hecho de reconocerlo me honra en lugar de perjudicarme.
  • Voy a hacer todo lo posible para encontrar la respuesta allí donde se encuentre. De este modo habré aprendido algo nuevo. Es así como se aprende.

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La autocorrección y la autoevalución

En Montessori, los materiales suelen incluir lo que denominamos el «control del error»; un sistema que permite al niño o a la niña descubrir por sí solo si se ha equivocado, sin que la sanción provenga del educador. La torre rosa se cae si no se centran bien todos sus cubos; en la serpiente positiva sobran perlas o faltan si no se ha calculado correctamente, etc.

En Freinet, para el cálculo o la gramática, por ejemplo, los niños trabajan con fichas de autocorrección. Es decir, que en cualquier momento pueden verificar la solución sin tener que recurrir al maestro, salvo si no comprenden PORQUÉ es cierto o falso. El trabajo en grupo permite también una corrección a través de los compañeros, más fácil de aceptar que si proviene del adulto censor.

Gracias a estos procedimientos, el niño aprende deprisa a autoevaluarse. Sabe muy bien en qué punto está y qué debe hacer para progresar. No pide ayuda al adulto, más que cuando realmente la necesita, y lo hace sin temor a verse devaluado ante sus ojos. Por el contrario. La confianza en sí mismo no se ve socavada a diario. Sabe que puede mejorar y eso le da ganas de esforzarse.