Material Montessori, qué es y cómo se usa

El secreto del éxito del material Montessori

El material Montessori atrae a los niños y seduce a los padres. ¿Por qué? En primer lugar, porque es precioso. Parecen juguetes, parecen juegos de construcción. En general está hecho de madera y pintado en colores vivos.

Mucha gente se pregunta, por ejemplo, por qué la famosa torre rosa es rosa. Muy sencillo: un color claro, vivo y bastante raro en los juegos de cubos para niños, es sorprendente y atrayente. Si a eso se le añade su tamaño —es casi tan alta como el niño o la niña al que se le propone—, tenemos los ingredientes perfectos para crear un objeto con un fuerte poder de atracción.

El material del método Montessori consiste en una serie de seductores objetos pedagógicos que han sido cuidadosamente diseñados para que cumplan un propósito educativo.

Un material sensorial que desafía al niño con propuestas

Una vez el niño ha sido cautivado por el material Montessori, podría simplemente observarlo, manipularlo durante unos minutos y luego perder el interés por él. Pero no es el caso, porque cada material desafía al niño con una propuesta que le lleva a aprender y a desarrollar sus habilidades. A menudo, entiende qué hacer con él de manera instintiva: clasificar o apilar en el orden correcto, encajarlo en el lugar correcto, etc.

En general, el educador o la educadora solo tiene que mostrar una vez que se utiliza un material concreto. En seguida, el niño lo usa solo y persevera hasta que lo consigue, sin desanimarse, con gran concentración y confianza. No le impulsa ninguna coacción externa. Trabaja con el material Montessori sensorial sólo por placer, mientras tiene la impresión de que está jugando, y su único motor es el deseo de superar el reto implícito en el material.

El niño acepta la propuesta a la que le desafía el material Montessori de matemáticas o de lenguaje y aprende mientras juega.

La rara vez que un niño deja un material que ha tomado de un estante ocurre cuando es demasiado pequeño para entenderlo y poder usarlo. Por el contrario, a algunos niños de 9 o 10 años, e incluso mayores, les encanta volver al material «de los pequeños», como el cubo del binomio o el cubo del trinomio.

La genial idea de la autocorrección

Otro gran activo del material Montessori: es la autocorrección. Es decir, está concebido de tal manera que el niño se da cuenta de inmediato si lo ha conseguido o si hay un error en algún lugar. No tiene que esperar con ansiedad el juicio perentorio de un adulto: “está bien” (¡Uuuffff!) o “no está bien” (¡Ay, ay, ay!). Trabaja tranquilamente por su cuenta. Puede fallar diez veces sin que le juzguen y sin desanimarse. Casi siempre acaba lográndolo.

Como último recurso, es él quien decide ir a pedirle al adulto que le vuelva a mostrar cómo hacerlo. Aquí es donde interviene la actitud particular del educador Montessori, que no le hace ningún comentario negativo. Le presenta otra vez el material y el niño lo volverá a intentar.

El material Montessori contiene lo que llamamos «control del error», de manera que el propio niño se da cuenta si se equivoca y puede corregirse él solo, sin la ayuda de nadie.

Esta autocorrección, que en pedagogía Montessori llamamos “control del error”, puede ser muy sencilla. Por ejemplo:

  • el pequeño cilindro de botón entra hasta el fondo del agujero si no es su lugar correspondiente,
  • la torre se derrumba si está mal montada,
  • el pentágono no puede entrar en el hueco del hexágono,
  • el dedo nota que ya no está en el área rasposa de las letras rugosas o las cifras rugosas cuando el gesto no es el correcto.

También está la forma más compleja de control del error, que el educador explica al presentar el material, como sucede para la serpiente positiva.

El material Montessori funciona para todos los niños

Visual, táctil, manipulable, el material Montessori es muy diferente del material pedagógico habitual destinado solo a un determinado tipo de niños: aquellos que no tienen dificultades con la escritura, la abstracción o la memorización.

Las cifras rugosas y las letras rugosas reemplazan las páginas agotadoras de escritura de cifras y letras, los alfabetos móviles permiten componer palabras aun cuando el niño tiene dificultad para trazar las letras, las formas para dibujar son mucho más lúdicas y creativas que los ejercicios de trazado de algoritmos para prepararse para la escritura…

El material Montessori devuelve el gusto por aprender a niños que están rebotados de la escuela y todo lo académico

En resumen, el material Montessori no solo es adecuado para todas las formas de inteligencia, sino que puede devolver las ganas de aprender de los niños que están un poco hartos de todo lo académico.

El material de imitación no siempre aplica la pedagogía Montessori

Dado el éxito del material y el método Montessori, muchos fabricantes de juguetes educativos sucumben a la tentación de bautizar cualquier conjunto de cubos con el nombre de Montessori. A menudo ignoran el hecho de que cada material Montessori está dedicado a aprender una noción a la vez. Ya sea los colores o el número, pero no ambos a la vez, por ejemplo. Esto se debe a que se pretende que el niño se concentre en una novedad solamente, cada vez que cambie de material. Por eso el material Montessori es progresivo y se debe presentar en un orden concreto para que el niño lo aproveche al máximo.

La premisa del material y el método Montessori es aprender una noción cada vez, aislando la dificultad, para asimilarla perfectamente y para siempre.

Por eso, al niño al principio de cada libro de la colección Montessori Paso a paso se incluye una tabla cronológica que describe el uso del material y la edad aproximada en la que hay que presentarlo.

El ejemplo más revelador es el descubrimiento de los números, las cantidades que representan y las cifras, que son sus símbolos escritos. Empezamos con las barras rojas o los listones rojos, gracias a las cuales el niño descubre la progresividad de las cantidades de 1 a 10 precisamente por su tamaño y su peso, luego pasamos a las barras rojas y azules o los listones rojos y azules, que son del mismo tamaño, pero se dividen en segmentos, para que el niño visualice el hecho de que en la barra del 2 hay dos veces la barra del 1, y así sucesivamente. Luego usamos las cifras rugosas para descubrir los símbolos. A continuación, asociamos los símbolos con las cantidades al utilizar las barras rojas y azules junto con las tarjetas de los números pequeñas.

Material Montessori casero

¿Entonces es un material perfecto? No del todo. Cuando se habla de material Montessori siempre surge una crítica: su precio. Es cierto que no es baladí. En cierto modo, el precio está justificado: el material es sólido y bonito, en general es de madera, muy bien pintado, o tiene muchas cuentas, como para las cadenas o el banco de las perlas.

Sin embargo, aunque sea mejor comprar algunos materiales que son difíciles o muy largos de fabricar uno mismo, es muy posible hacer una gran parte de ellos. En internet se encuentra tanto material Montessori imprimible como tutoriales. Algunos son gratuitos, como el Material Montessori hágalo usted mismo, un fichero de 160 páginas que regalamos con la compra del vídeo Material Montessori Hazlo tú mismo/a

Las cinco Grandes Lecciones Montessori

Las grandes lecciones Montessori son aquellas que todo niño o niña debería saber a partir de los 6 años. Despiertan la curiosidad natural del niño. Maria Montessori las crea a modo de relato cosmogónico actual, pero narrado desde una perspectiva científica. Ella las incluye en lo que llama «educación cósmica».

Las grandes historias Montessori sitúan al niño en el mundo.

Las cinco grandes lecciones Montessori avivan la curiosidad natural del niño, una curiosidad que le acompañará toda su vida.

En las dos primeras grandes lecciones se explica la formación del universo a partir del Big Bang, la formación de la Tierra y el origen de la vida, empezando por los microorganismos, hasta las plantas, y los animales. La tercera está dedicada a la aparición del ser humano. Y en la cuarta y la quinta se muestra el nacimiento del lenguaje, la comunicación y los números.

¿Qué es la educación cósmica montessoriana?

Para Maria Montessori «cósmico» tiene que ver con el espíritu de los relatos cosmogónicos de las civilizaciones antiguas. La función de los relatos de las cosmogonías antiguas era la de explicar el sentido y el origen del universo, de las fuerzas de la naturaleza y de los seres humanos. Los mitos del origen infunden orden a una realidad que, de otro modo, se percibiría como un caos. Las narraciones cosmogónicas dotaban de significado, de sensación de pertenencia y de seguridad psicológica a los individuos de aquellas sociedades.

La educación cósmica es una piedra angular del método Montessori.

En la pedagogía Montessori, la «educación cósmica» tiene esta misma función. A través de las grandes lecciones se explica la situación del niño en el espacio y en el tiempo. Se le da una referencia espacio-temporal. Pero, a diferencia de los relatos cosmogónicos antiguos, las cinco grandes lecciones son narraciones científicas que sirven para explicar todo aquello que está presente en el mundo y todo lo que el niño vive. Estos relatos, basados en evidencias científicas, contienen no solo la historia de los orígenes, sino también una cronología que conduce al niño hacia el presente.

Las grandes historias Montessori sitúan al niño y a la niña en el espacio y en el tiempo, les dan una referencia espacio-temporal.

Las grandes lecciones Montessori despiertan el interés por la astronomía, la geología, la geografía, la física…

Por tanto, constituyen un marco cultural y científico fundamental que ayuda al niño a tomar conciencia de que forma parte de un todo, es una pieza de una obra colosal, de un engranaje bien afinado; un todo tan vasto como el universo y tan duradero como el tiempo.

Las cinco grandes historias Montessori

La educación cósmica ideada por Montessori se compone de las llamadas cinco grandes lecciones.  Estas son:

  • La historia de la Tierra.
  • La historia de la vida en la Tierra.
  • La historia del ser humano.
  • La historia de la escritura.
  • La historia de las cifras.
De una manera visual, en la Historia de la vida en la Tierra aprenden sobre la aparición y la extinción de especies.

A qué edad se presentan las grandes lecciones Montessori

Según Maria Montessori, a los 6 años el niño está preparado para dar el gran salto. Lleva algunos años concentrado en la realidad, en lo práctico y lo sensorial. Hacia esa edad ya está preparado para entrar en el mundo de las ideas; en esa etapa de su desarrollo entra en juego la imaginación.

Los 6 años es la edad idónea para absorber las grandes lecciones Montessori

Para concluir, me gustaría que reflexionarais sobre lo que dice la propia Montessori: «Si la idea del Universo se presenta ante el niño en la forma adecuada, se logrará algo más que despertar su interés, pues ella le causará admiración y asombro, sentimientos más elevados y gratificantes que cualquier otro tipo de interés. La mente del niño ya no se perderá sin rumbo, se fijará en un determinado foco. Así, los conocimientos que adquiere se vuelven organizados y sistemáticos. La inteligencia se manifiesta como una totalidad gracias a la visión completa que se le ha presentado, y el niño se interesa por todo, pues cada cosa está interconectada con las demás y ocupa un sitio en el universo en el cual se centra su mente».

Montessori y el confinamiento de los niños

La pedagogía Montessori no es solo una enseñanza de los contenidos escolares, es una escuela de vida. Por tanto, tiene recursos útiles para momentos tan complicados como los que estamos experimentando actualmente con nuestros hijos.

Diálogo y «vida práctica»

Maria Montessori, al igual que muchos psicopedagogos, recomendó hablar con los niños sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor. diálogo-Montessori-Escuela-VivaEl hecho de explicarles los acontecimientos de la vida, buenos o malos, con palabras adaptadas a su nivel de comprensión, permite evitar que arraiguen en ellos ansiedades profundas y duraderas.

Habla con los niños de lo que está ocurriendo, de la pandemia.

También recomendó hacerlos participar a cualquier edad, incluso desde muy pequeños, en las tareas cotidianas de la familia, lo que en la pedagogía Montessori denominamos «vida práctica»: cuidar las plantas y las mascotas, colaborar en las tareas de limpieza y orden del hogar, pedirles a los niños mayores que lean cuentos a los más pequeños, y actividades semejantes. En el contexto del confinamiento, esta participación adquiere una gran importancia, no solo para tranquilizar a los niños, sino también para evitar que se aburran.

vida práctica Montessori. Escuela Viva

Haz que los niños participen en las tareas de “vida práctica”.

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Crónica de una escuela de pueblo

Escuela pequeña – gran ventaja

Yo era un niño de ciudad que olía a jabón, en una clase que olía a vaca. Sí, era una escuela de pequeños granjeros en los años 60. Los niños no dormían lejos del establo, a veces ayudaban a ordeñar por la tarde, con la frente apoyada en el costado de las vacas. Se lavaban por la mañana rápidamente las mejillas, rojas y llenas de salud, utilizando el guante como si fuera la lengua de un gato. Éramos raros, los que olíamos a jabón. Pero no duraba mucho. Nuestros juegos se encargaban rápidamente de borrar las diferencias, de eliminar en silencio toda esta mezcla social. Nuestros cabellos felizmente mezclados para realizar los trabajos comunes tomaban prestados el perfume de todo el mundo.

Close Up Of Children's Feet Dangling From Wooden Bridge

<< Y esta convivencia tan simple era contagiosa: franqueaba el muro de la escuela y se extendía a todo el pueblo >>

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Crónica de una escuela de pueblo. Temporada 1 – Episodio 4

La naturaleza

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La naturaleza entraba en clase y la encontrábamos constantemente en nuestros textos. ¡Los textos libres de los niños de las ciudades deben ser tan diferentes! Sin duda también serán ricos, pero probablemente no estén tan llenos de olores, colores, humedad, calor, ramitas crepitantes, estallidos de vainas secas, etc. Es decir, de todo aquello que percibimos con la piel, por las fosas nasales, los ojos abiertos y los oídos alerta. He encontrado esta naturaleza en prácticamente todos los textos del periódico que publicamos: “Ha nevado. Los abetos parecen pescados pasados por harina”. “Las orugas cubrieron el tronco de la acacia y parecía que tuviese un suéter gris. Quería tocarlas porque parecían de terciopelo, pero papá me dijo que eran venenosas”. “Las hormigas son como pequeñas gotas de agua con patas”. “No quiero tocar ranas. Su piel parece fría”. Como veníamos todos andando a la escuela, cruzando prados y atravesando setos y arroyos, a menudo descubríamos recursos para llevar a clase: un tejón o un búho heridos, un gatito ciego descuidado por su madre por alguna razón desconocida.

<< Sin embargo, no era una naturaleza ni idílica ni edulcorada >>

Me acuerdo de una serpiente muerta, abierta sobre una mesa en el patio, para que pudiésemos descubrir aquellas pequeñas serpientes que no habían tenido tiempo suficiente de nacer. De este modo, era inútil trabajar la teoría de los vivíparos y ovíparos, porque la idea ya estaba fijada para siempre en el alumnado, con el olor a hierro oxidado de la serpiente muerta. Sigue leyendo

Las diferencias

<< Crónica de una escuela de pueblo >>

Yo era un poco, no como el patito feo, pero sí como un polluelo raro de la escuela. Rubia, un poco espagueti y salida de una familia de burgueses parisinos trasladada al campo, en medio de todos los pequeños campestres bajos, fornidos y morenos del suroeste. Yo tenía, además, acento del norte, típico de los parisinos. Sin embargo, aunque instintivamente adquiría cierto acento del sur con mis compañeros, sin duda alguna para intentar hacer como todo el mundo, nunca he sufrido la más mínima burla y nunca me han hecho sentir diferente.

Había más diversidad en clase. No obstante, me es imposible saber cómo cada niño diferente vivía esta situación, pero sí sé cómo lo vivimos nosotros. Nosotros, los otros, el grupo.

<< Jacques desaparecía a veces >>

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Tan pronto estaba con nosotros alrededor de la pequeña mesa, como ya no estaba. Como un diente caído en una boca de 6 años: de repente aparecía un agujero. Pero no nos sorprendía. Sabíamos muy bien lo que pasaba y lo que debíamos hacer. Mientras uno iba a coger el “cojín de Jacques”, otro le levantaba la cabeza y un tercero avisaba a la Señorita si en ese momento ella se estaba ocupando de otro grupo. Apartábamos las sillas, los bancos, la mesa, para que no chocara con ellos durante sus convulsiones. Lo girábamos suavemente sobre el costado. Le sosteníamos la mano. Esperábamos a que se despertara de su crisis epiléptica y lo rodeábamos para consolarlo, porque cada vez que le pasaba, mientras se limpiaba la espuma de la boca, comenzaba a llorar. Sigue leyendo

Cómo elegir un regalo Montessori

El material Montessori: ¿son juguetes?

A medida que se acerca la Navidad, en todas partes vemos alabar los méritos de algún regalo Montessori.

Una precisión importante: los elementos del material pedagógico Montessori no son «juguetes», en el sentido de que, si el niño los usa sin que le hayan enseñado la manera de usarlos, pasará por alto aprendizajes relacionados con cada material y se cansará enseguida. Para el caso, mejor regalarle un juego de construcción o una muñeca.

Además, el material Montessori es cronológico. Es decir, corresponde a edades aproximadas y, a veces, requiere requisitos previos.

Entonces, ¿debemos renunciar a regalar material Montessori en Navidad? No, claro que no, pero es necesario elegirlo bien.

couleurs¿Cómo elegir el material Montessori?

En primer lugar, aquí encontrará una cronología de utilización del material de Vida práctica y de Vida sensorial para niños y niñas desde 2 hasta 6 años: cronograma-escuela-viva.pdf

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Contar con… las patas

Bianca-filletteEsta es la historia de una niña pequeña, que padecía una enfermedad rara y estaba aprendiendo a contar. En el instituto habían declarado que solo sería capaz de contar hasta 4. De modo que tomaron la decisión de no proponerle aprendizajes básicos, como las matemáticas.

Sus padres estaban profundamente convencidos de que un enfoque menos académico tal vez le ayudara a progresar. Tenían la sensación de que el «sistema» había abandonado a su hija.

¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!

Me propuse la ardua tarea de hacer que disfrutara contando, convencida de que el material Montessori le sería de gran ayuda. A fin y al cabo, dicho material había sido diseñado en un principio para ayudar a niños con lo que se denomina «necesidades educativas especiales». Lo admito: con ella no fue tan sencillo. La niña parecía indiferente a mi material. Se mostraba dispuesta a cooperar, pero nada más. Tocó el material como le expliqué, pero sin ningún impulso real hacia el aprendizaje.

Yo estaba a punto de rendirme. Además, incluso terminé guardando el material Montessori en su lugar. No me faltó imaginación ni apoyo. Lo había intentado todo: hacerle contar lápices de colores, moras, guijarros… Y de repente un día la oí contar: «¡Uno, dos, tres, cuatro… cinco!». La niña tenía en la mano la pata de mi perra y estaba contando las uñas.

Allí donde los profesionales de la infancia habían fracasado, ¡un perro lo había conseguido! Sigue leyendo

Pedagogía Freinet: el método natural para aprender a leer

Éramos una pequeña piña, de pie delante de la pizarra, unos cogidos por los hombros, otros por la cintura, algunos saltaban de un pie al otro emocionados, otros se ponían de puntillas o incluso, los más pequeños, se subían a las sillas, estirándose hacia el texto escrito en líneas muy grandes y bien espaciadas, sobre un gran cartel azul. Todos con la nariz en alto, porque la Educación Nacional ponía las pizarras demasiado altas. La señorita había intentado paliar el inconveniente colgando lo más bajo posible aquello que llamaba nuestra atención ese día.

<Todos con la nariz en alto, porque la Educación Nacional ponía las pizarras demasiado altas>

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Para comprar: Pedagogía Freinet. Por dónde empezar

El texto que había colgado era el de uno de nosotros, escrito libremente para contar un acontecimiento sin duda muy fuerte, ya que la votación de la mañana fue unánime. La abuela de Laurent se había lanzado como un jugador de rugby, con el mandil por delante, para placar a un conejo salvaje que estaba devorando sus zanahorias. Martine había recibido un fósil de amonita que le había enviado su primo (el fósil en cuestión reinaba sobre una mesa desde un rincón del aula, augurando todo tipo de manipulaciones, investigaciones y dibujos). Los bomberos habían acudido a casa de Hervé para llevar a su abuelo al hospital: Hervé oscilaba entre la tristeza que sentía por el abuelo y la alegría que despertaba en él el camión rojo. La fuente del pueblo rajaba más fuerte que de costumbre y Sylvie soñaba con una navegación desenfrenada. ¡Los textos libres! Una mina. La elegida del día era la abuela «jugadora de rugby».

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¿Ha dicho proyecto pedagógico?

Una amiga docente me contaba hace poco que se había separado del padre de sus hijas. En sus propias palabras: no tenían el mismo «proyecto pedagógico». Al principio, encontré la expresión del todo inapropiada. Incluso pensé que se trataba de una deformación profesional. Y luego, al poco tiempo, dicha expresión empezó a resonar en mi vida privada y profesional.

Hemos apostado por el mismo «proyecto pedagógico»!

Mi compañero y yo hemos compartido la motivación «conjunta» de criar a nuestros hijos en contacto con la naturaleza. ¡Al final, sin darnos cuenta, hemos apostado por el mismo «proyecto pedagógico»!

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Entonces recordé a otra madre criando sola a sus dos hijos pequeños. Los niños, que se llevan muy pocos años, iban a una escuela muy tradicional.

Una tarde después de la escuela, a ella le sorprendió el comportamiento de su hijo mayor, que luchaba por levantar una barrera en la mesa para impedir que su hermano de 5 años le «copiara», como en la escuela. Ella, que estaba decidida a conservar la complicidad natural entre sus hijos, se encontró en una situación incómoda.

No dudaba de la competencia de los profesores ni del éxito académico de sus hijos, pero se interrogaba sobre los valores que aprendían en clase.

Favorece la cooperación entre los niños.

Al año siguiente, y a pesar de los sacrificios económicos que tuvo que hacer, tomó la decisión de apuntarlos a una escuela privada Montessori, que favorece la cooperación entre los niños.

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Los chavales se encontraron juntos en una clase de edades diversas que desarrollaba la ayuda mutua y el trabajo en equipo. En la escuela, como en casa, volvieron a ser hermanos.

Más tarde, podrán seguir una escolaridad coherente en el seno de una escuela pública inspirada en la pedagogía Freinet.

La relación entre padres y enseñantes es un pilar de la escolarización de los niños.

Elijamos una escuela pública o una privada, sin duda todos tendremos que tener muy claro el proyecto educativo de cada uno y la coherencia de los valores que se transmitirán a nuestros hijos.

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Vanessa Toinet, directora de una escuela de pedagogía activa. Autora de Montessori Paso a paso. Escuela Viva

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